lunes, 22 de abril de 2013

CLARA (IRREVERENTE SANTORAL VI)


Desde que apareció por la tienda de animales sentí algo especial, una especie de nueva primavera en mi monótona vida. Había un magnetismo especial en sus palabras pero sobre todo en unos gestos y una mirada en la que alguna vez pude intuir un deseo que no llegaba a hacerse realidad. Apenas susurraba a las mascotas de la tienda y no había animal que no se quedara inmóvil por sus palabras, estático, hipnotizado por todo un caballero que les hablaba de la hermandad, de la belleza, de la paz, del amor... Sí, del amor. Sus susurros casi místicos provocaban en mí unos deseos incontenibles de alcanzar esa plenitud que pregonaba, llevándome a un éxtasis placentero que se trasladaba a mis oraciones, a mis peticiones de ser alcanzada por ese instrumento de amor y paz que mi cliente pregonaba. Perros, canarios, conejos, loros y tortugas son testigos de lo que digo...
Confieso que al verlo entrar hoy por la puerta he decidido dejarme llevar por mis deseos. Quizás ha sido la petición que lanzó con su mirada. Entre tantos animales lo he imaginado como uno más. Conmigo delante. Olvidando mi condición humana. A cuatro patas sobre el suelo, vaya... Sus modales de asceta han desaparecido cuando me ha bajado las bragas de un simple tirón, sacando el animal que lleva dentro. La frialdad del suelo en mis rodillas no ha influido en el fuego de mi entrepierna desnuda. La agilidad con la que me ha desabrochado el sujetador me ha desarmado definitivamente. La dureza de mis pezones y su roce con mi blusa me ha hecho enloquecer como una bestia. Como un verdadero animal me ha penetrado, confieso que he gritado y me he retorcido de placer, confieso que le suplicado que siguiera, confieso que he creído morir con las embestidas de sus caderas sobre las mías... Apenas ha hablado o quizás es que apenas le he escuchado, pero algo he creído entender cuando me he desmayado de gusto sobre el suelo de la tienda. Se han fundido sus humedades con mis torrentes. Creo que me hablaba algo de la naturaleza salvaje y de la hermandad con el sol que se filtra por la ventana del local. Hermana tierra. Hermano Sol. Torrente de luz... ¡Ay Francisco, vos no sois Dios, más tal librea traéis, que Dios se parece a vos y vos, a Dios parecéis...
Ha prometido volver con la hermana luna. Sólo alcanzo a soñar con un nuevo polvo de estrellas...