lunes, 24 de noviembre de 2014

LA ZURDA por Juan Bragas



Tuvo que recostarse para que no chocara el codo de ella con su vientre, para darle espacio para moverse a ese brazo que parecía puesto al revés, en una postura imposible. Ella la miraba fijamente y su pulso y su ritmo eran de una intensidad creciente. Esa mirada suya, tan seria, y ese oficio le sorprendieron.
No podía controlar sus pensamientos en esos momentos y la postura del brazo izquierdo de ella, que le parecía tan incómoda, le recordó a cada vez que la había visto escribir en clase: el brazo encima del cuaderno, la cabeza gacha, la muñeca torcida arrastrando el brazo…Parecía estar escribiendo entre sus piernas.
-Vaya bulto.
-He acumulado mucha tensión en estos días.
-Me dejas que te quite la tensión
Parecía hipnotizada por la existencia de la polla de él, no dejaba de mirarla como la que observa un ídolo, un tótem, y sus movimientos con su mano izquierda: un sacrificio bien aprendido, un modo de redención, una catarsis.
Abarcando con aquella mano izquierda el tallo, observando esa otra cabeza, aceleró como leyéndole el pensamiento, porque él no decía nada, y se le hinchaban los labios y le cambiaba la expresión del rostro. Ya había observado otras veces que cuando se excitaba se le cambiaba la expresión de la cara… como explicarlo: se le hinchaban los labios, le cambiaba el color de los ojos, se le cerraban un poco los párpados, se le sonrojaban las mejillas, sólo por un momento… algo extrasensorial había también.
Sin saber muy bien como, ella notó que él estaba llegando porque, alcanzando ese punto, dobló su mano, agudizó su mirada, se la tronchó una de cada dos o tres veces al final quedando la polla en sus manos como un muñeco que, finalmente,  apretó más fuerte por el tallo y después soltó para  que explotara en un escalofrío, como un géiser de cuyo espectáculo ella era observadora de la misma manera reverencial, obnubilada, ensimismada y con oficio con la que realizó toda aquella maniobra excelsa.
Una maniobra manual en la oscuridad, una representación de una partitura para la mano izquierda, una paja a mano cambiada, un trabajo bien hecho...

viernes, 7 de noviembre de 2014

MAYÚSCULAS



Me acerqué con cautela a la ventana. Al fondo se divisaba un enorme jardín. Ella, como en la vieja canción de rock, saltó por la ventana sin que yo pudiera evitarlo. Libre de lazos y mordazas quiso reconocer el nuevo escenario. Vio, olfateó, tanteó, sopesó y eligió. Marcado el lugar propicio y favorable, dio rienda suelta a sus deseos: miró alrededor, se sintió libre y dio por buena la elección. Sabía que yo la miraba y se disponía a transformar el paisaje en un auténtico jardín de las delicias. Separando suavemente sus patas volcó en el lugar elegido el flujo contenido durante tanto tiempo: lluvia dorada en los dorados campos. Caía la tarde y se elevaban las satisfacciones, las confesables y las inconfesables. Cuando la llamé por su nombre pude intuir en su rostro una mirada cómplice, una plenitud de deseos consumados. Volvió, siempre lo hacía, corriendo hacia mí. Buscó, siempre lo hacía, su roce con mi piel. Regresó, siempre lo hacía, con la dueña de su destino. Meneó, siempre lo hacía, el rabo con alegría. Mi perra Cautela es así. Su dueña siempre cometerá faltas de ortografía…

jueves, 30 de octubre de 2014

HIRSUTA por Humberto G.



Decía no creer en la depilación como si la cuestión fuera el creer o el no creer. Resultaba divertido pensar en ello como en un dogma. Ella lo declaraba como un derecho de la mujer, como una protesta, como una reivindicación de la naturalidad femenina.
Todo en ella era reivindicación, incluso su mirada; se reía como sorprendida de que lo que dijera uno fuera gracioso; se reía, además, con naturalidad. Como no podía ser de otra manera.
El pequeño mechón denso, como grama negra, de su axila era un hermoso acumulador de un perfume intenso rayano en lo ácido pero que con el tiempo llegué a buscar intencionadamente. Ella se acariciaba aquel mechón riendo no sé muy bien por qué.
Sus piernas parecían cubiertas de una media negra, irregular,  suave, esponjosa, que ni acariciando a contra vello resultaba áspera. Una pelusa que también tenía debajo de la nariz si se acercaba uno lo suficiente para apreciarla. De lejos parecía una sombra.
Su vello púbico arrancaba debajo del ombligo como “un reguero de hormiguitas” que bajaba abriéndose en un abanico que no permitía vislumbrar su sexo carnoso. Por detrás, cuando iba al baño, podía verse de espaldas la espesura entre las piernas, a contraluz, al levantarse de la cama.
Ella era cortante, infiel, sensual y altiva, utilizaba mucha saliva en sus besos y era carnal cariñosa y besucona. En la intimidad, enamorado profundamente de su piel blanca y su naturalidad femenina, me acercaba a su oído y le llamaba: mi hirsuta.
-Tengo pelo en todos los sitios donde se puede tener –dijo un día distraída, al principio, cuando salió por primera vez el tema y no había visto aún casi nada, el vello era entonces una promesa.

Y es que toda la experiencia sexual con ella se basó principalmente en aquella inquietante diferencia, en ese mostrarse ella tal como era, sin contenerse en nada, y ese ser suyo tenía en el vello su estandarte y se convertía cada vez que nos enredábamos en protagonista de todo aquello tan salvaje, tan ensalivado, tan interrumpido por las hebras de vello en los labios, tan perfumado, tan íntimo porque la intimidades eran más escondidas por estar cubiertas de vello.
Hirsuta en mi recuerdo, o el amor salvaje.

sábado, 18 de octubre de 2014

FASCINACIÓN por Martini


Entró sigilosamente en la alcoba, apenas había luz
y la estancia destilaba un delicado aroma a flores.
Pensó que aún no había despertado.
Quiso convertirse en el guardián de sus sueños,
 y por un momento se colocó ante su cuerpo que era un poema desnudo escrito,
 placenteramente, entre las sábanas de seda.
No quiso romper la magia y el encanto de aquel instante.
La tentación de su piel de almendra era tan poderosa que se entregó
al extasiante recorrido de sus manos
y a la danza de su lengua mientras dibujaba trazos lujuriosos por todo su cuerpo.
Ella humedeció sus labios y saboreó la pócima de sus besos,
mirándole a los ojos leyó, en el brillo de sus pupilas, sus pretensiones.
Y así, fascinada por su olor y por sus caricias tan ardientes,
dejó la miel de su boca sobre su piel, mientras sentía enloquecer
cuando él alcanzaba el edén más exquisito, hasta hacer que estallara
el torrente de sus jugos más íntimos y secretos.

jueves, 2 de octubre de 2014

LA BOFETADA por Humberto G.



Le rompí las bragas, no sé yo en que estaba pensando, pero se las rompí. Las cogí por los lados y tiré con fuerza. Me sorprendió la fragilidad de la tela y como cedió ante mi apasionado impulso. A ella no le gustó nada, “¿Qué haces?” con ese tono tan desagradable que ella utilizaba y me dio un bofetón. Esa escaramuza nos excitó muchísimo. Así, sin querer, empezó todo.
Como en un pacto no preestablecido nunca comentábamos lo que hacíamos a la hora de follar. Esos momentos los manteníamos latentes dentro de ese espacio que era nuestra sexualidad. Supongo que para expresarnos libremente cuando llegara el momento, para  que ninguno de los dos se pudiera sentir coartado a la hora de expresar su deseo. Tampoco hablamos de las bragas ni de la bofetada.
La siguiente vez le pedí que me pegara otra vez, durante la refriega, abstraído porque ella sudaba y apretaba los dientes, “Pégame” y me pegó con todas sus fuerzas. Nos corrimos a la vez.
No tardó en pedirme que le escupiera. Eso abrió una puerta que quizá, visto con perspectiva, nunca debimos abrir. Sin darnos cuenta estábamos exprimiendo nuestra sexualidad al máximo: “Escúpeme”. Supongo que las palabras, el tono imperativo, también hacían mucho.
La pequeña violencia se convirtió en una compañera inseparable aunque, en verdad, no queríamos. Sé que ella pensaba igual que yo de modo que durante un tiempo, ya conscientes del problema, iniciábamos nuestros escarceos con mucha suavidad, con mucho cariño, con besos y caricias pero de repente se le escapaba a ella un mordisco en el labio “Ay, perdón” o a mí un cate en su culo y volvíamos a empezar.
Como con todo pecado tendimos al exceso porque la dosis que necesitamos cada vez para conseguir el mismo resultado, iba siempre creciendo. La vida misma. El peligro no era el punto en el que estábamos sino donde podríamos llegar si continuábamos así.
Por primera vez hemos hablado de ello porque esto se nos va de las manos.
Le digo que ojala no le hubiera roto nunca las bragas.
 Ella me responde que ahora eso parece un juego de niñas.

viernes, 19 de septiembre de 2014

VIBRACIONES por Juan Bragas



Escribió el mensaje a través de whatsapp. Pensó que no habría sido capaz de hacerlo cara a cara. El whatsapp lo inunda todo. Todo empezó por casualidad en el trabajo.
No me va a dar tiempo a entregar el informe
Pues que la mamen
Quién a quién, cuándo y dónde
Jajaja
Tardó en reaccionar. La buscó con la vista instintivamente pero en la oficina les separaba una larga distancia. La vio de lejos sonriendo. Desde aquel día el juego se convirtió en habitual.
Apuesto a que nunca te han ofrecido el culo

Qué quieres decir con ofrecer
A que te lo pongan para que te corras en él
¿Dentro o fuera?
Umm, yo me refería a fuera. Pero dentro tampoco está mal.
Podría parecer por las conversaciones que se habían conocido carnalmente. Pero no era el caso. Cada uno quería llegar más lejos que el otro. Cada día se saludaban en la oficina como a uno más sin hablar de aquella quemazón, aquel juego a través de mensajes.
 Pero ese por detrás me deja todavía algunas dudas.
Dime.
Hay dos orificios, ¿no?
Así es. Uno muy cerquita del otro.
Puede uno equivocarse fácilmente
No tan fácilmente
¿Te enfadarías conmigo si me equivocara?

Estos mensajes les resultaban especialmente valiosos por sí mismos. Las conversaciones que mantenían tenían algo que les despertaron viejas sensaciones que creían haber perdido.
No mucho.
Según.
Según qué
El momento.
O que apetezca.
Aparte de eso no creo que seas de los que les importe
El qué
Que me enfadara
La verdad es que no. Una vez hecho...
Ya lo sabía.
 A veces he hecho como si me enfadara pero en realidad…
… me había gustado que no me echaran cuenta.
 Sabes?
Es como si pudiera una saltarse ciertas reglas.
No sé si me entiendes
Creo que sí, pero si me pones un ejemplo…
Bueno.
Una vez, por ejemplo, no sé si será ilustrativo...
bueno, estaba chupándosela a mi novio y cuando iba a acabar
me agarró la cabeza con fuerza, me inmovilizó
Me cayó en el ojo que se me irritó y todo.
En el momento me molestó pero cada vez que me acuerdo me pongo.
Muy ilustrativo.
Pero no creo que cayera otra vez en lo mismo.
Quiero pero no quiero.
Eso ya es difícil de entender.
Chico así somos las mujeres.
Ella tenía una nariz muy particular y no llamaba mucho la atención pero cuando se reía estaba muy atractiva. Tendía a tapar sus orejas con el peinado porque creía que las tenía un poco separadas. Enseñaba todos los dientes al sonreír y se ruborizaba.
Una tarde, cuando la temperatura ya les alcanzaba máximos históricos…
Mírame
Qué
Que me mires
Entonces levantó la vista. Se habían quedados solos en la oficina. Ese fue el momento de quitarse la careta, darse por vencidos, dejar las palabras a un lado y apagar el móvil.

martes, 16 de septiembre de 2014

LEO VS. LISA … por Alejandro Lérida




Las piernas que se abren y lo perdonan todo.
Muslos de reina, resbaladizos
labios
y la peca estratégica
y el adorno en el dedo,
un círculo por dentro de un
triángulo,
el nudito que haces y
deshaces,
un instante de oro que se va,
pero vuelve…

La boca desbocada,
que no rehúye —¡roja!— el
exabrupto,
el taco.

Contigo solo se me ocurre
blasfemar…
Y los oídos como el agua que
 rebosa
y se derrama —¡puta!— por
todo aquello
que tu madre no quiso que
escucharas.
Y tus ojos —¡Gioconda!—
pegados a mi piel,
al óleo propio de mi carne
inmóvil.

La mancha de pintura
al borde del anillo con que me regalé, al
hacerme con tu mano,
como tú te regalas ahora
mismo.
(Y pensabas que así mejorabas la obra).

miércoles, 27 de agosto de 2014

MI INSTITUTRIZ por Humberto G.

Iba a casa a darme clases de apoyo pero, a veces, se quedaba para cuidarme ya que mis padres viajaban mucho y ella prestaba también ese servicio. La cosa es que a pesar de ser un adolescente mis padres no se habían fijado en que yo ya no necesitaba ningún cuidado. O más bien no se fiaban de mí. El caso es que la institutriz que me daba clase de buenas maneras, idiomas, literatura y lo que se terciara, pasó casi un año entero, con diversas interrupciones, conviviendo conmigo.
Eyaculé en su rostro porque ella me lo pidió y jugábamos a otras cosas que ella me proponía como un juego aunque yo ya no era un niño ni a eso se le pueden llamar juegos. Mandaba mucho la institutriz y me indicaba lo que debía hacer como un mandato, por eso lo llamo juego porque yo obedecía para complacerla.
-Colócate ahí…, no, boca arriba…
Y yo obedecía y ella se colocaba encima, “Abre la boca” y yo la abría, “ahora saca la lengua”, “¡Más!”, y así.
Otros días traía cuerdas y me decía que la atara a algún sitio aunque daba igual porque atada también me decía lo que debía hacer. En otra ocasión trajo un tarro de mermelada y así.
-Debes prometerme una cosa.
-Lo que quieras.
-Nunca le dirás a nadie lo que vas a ver a continuación.
-Lo juro.
Ahora el juramento no tiene sentido. La primera vez que me mostró sus intenciones, cuando estuvo segura de mí,  se me desnudó delante toda blanca como la leche, un voluminoso monte de Venus, frondosamente cubierto de un vello negro  y se masturbó sin ni siquiera sentarse. De pié.
Alguna vez, alguna mujer, en alguna circunstancia, me ha dicho que tengo costumbres raras. Siempre les digo que a mí me enseñaron así.

sábado, 16 de agosto de 2014

CON MI ALIENTO EN TU OIDO por Luis del Castillo

Con mi aliento en tu oído,
Mis labios te susurran un amor nunca antes vivido.
Con un roce de mis dedos,
Mis manos recorren tu cuerpo
Y te aprietan contra mí mientras te rozan un te quiero.
Mi boca en la tuya,
Se engullen una a la otra;
Mi torso entre tus piernas,
Devorado por tu cuerpo,
Engullido, atrapado.
Y no quiero salir de él
Más que para a él volver;
Volver a tí amor mío.
Con un te quiero en mis labios,
Con un te quiero en mi boca,
en mis dedos, en mi cuerpo...

lunes, 11 de agosto de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO por Juan Bragas



La dejó entrar primero en su cuarto no por mirarle el culo sino por educación. Eligió puerilmente su cuarto, “Yo me pido en mi cama” y los otros tres se rieron.
Una vez allí de sopetón le desapareció aquella ensoñación que siempre le provocaba el alcohol y empezó  a ver claramente la nueva coyuntura, la consecuencia de lo que habían decidido hacía sólo unos momentos en una sala de la planta de abajo: allí estaba, en su habitación, con la mujer de su mejor amigo y la mejor amiga de su mujer en disposición, pactada, de follar.
-Debemos actuar como personas maduras –dijo su amigo hacía sólo un rato- poniendo una serie de reglas que nos permitan sobrevivir a esta experiencia y mantener intacto todo como antes…
-Somos gente madura, joder. Es una vivencia que puede ser muy bonita –dijo la mujer de su amigo.
Su mujer no decía nada. Miraba tranquilamente a todo el que hablaba sin emitir sonido y, este hecho, le hizo zambullirse de nuevo en esa nebulosa de dolor que para él había sido siempre las experiencias anteriores de su mujer. Esa inmutabilidad de ella, ese consentimiento que era no oponerse a lo planteado,  le provocó una mezcla de lujuria y sufrimiento.
Las reglas que dispusieron fueron las siguientes:
-no hablar jamás de lo que ocurriera aquella noche, 
-pasar el día siguiente juntos para evitar huídas hirientes y hacer más fuerte su amistad y
-no hacer ruido ya que los cuartos estaban muy cercanos.
En la soledad de sus pensamientos, una vez se encontró a solas con la mujer de su amigo, le vinieron claramente a la cabeza todas las fantasías que había tenido acerca de ella (que las había tenido) desde que su amigo se la presentó, a saber: cómo serían sus pezones, su cara, su ansiedad si la hubiere, dónde dirigiría su mirada una vez desnudos,  etc. De modo que no tuvo que improvisar, solo poner en práctica la lección tantas veces repasada. Con diligencia y sin recato.
A la mañana siguiente, su mujer fue la última en llegar a la mesa. Dio los buenos días. Todos se habían sonreído un poco forzadamente al encontrarse en la cocina. En silencio se entretenían cambiando cosas de sitio, preparando el desayuno, poniendo cosas en la mesa…, todo porque se sentían incapaces de mirarse a la cara. Todos actuaban con una contenida incomodidad.
Sin embargo, al llegar su mujer la miró fijamente por ver si en ella descubría alguna señal de lo sucedido aquella noche. Una felicidad fuera de lo común por ejemplo. Entonces, ella se sentó en su silla, cogió un trozo de pan en el que untó mermelada y tras un bostezo que creó expectación en los otros tres dijo:
-La próxima vez lo hacemos en la misma habitación los cuatro.

lunes, 30 de junio de 2014

VINTAGE por Don Triquitraque

Los electrodomésticos de la casa, mi faldita de cuadros, mi corte de pelo de pelo y mi chalequito rosa pueden parecer de un tiempo pasado. 
La pérdida de mi ropa interior me parece de un tiempo reciente.
El fuego de mi entrepierna empieza a parecerme eterno...

domingo, 15 de junio de 2014

DAÑOS COLATERALES por Juan Bragas




Le acerqué un pañuelo de papel un poco avergonzado pero ella me lo rechazó.
-Espera, Voy a mirarme en el espejo
De estar arrodillada se le habían coloreado las rodillas. La vi deslizarse descalza por el pasillo con las manos manchadas también y las llevaba levantadas como para no tocar nada. Fui detrás de ella, confuso. Por detrás parecía un felino contoneándose, un animal femenino. No sabía que pretendía. Ya en el baño me quedé detrás.
Se miró atentamente en el espejo para ver lo que le había hecho. Tenía llena la comisura de los labios, la nariz y un poco en el pelo. Se quedó observándose atentamente como buscando algo.
-Lo siento. ¿Te ha molestado?
-No. Sólo busco qué es lo que encuentras excitante de esto.

sábado, 7 de junio de 2014

LUNA por Lourdes N.J.


Dormimos aquella noche
como ángeles sobre el cielo,
nos enredamos en las sábanas
como si fueran nubes de algodón
que viajan entre las estrellas
más hermosas de la vida.
Tu ropa y la mía, jugando los dos
a nueve semanas y media
quedó tu corbata colgada
en un extremo de la luna creciente
y mis braguitas sobre su blanca curva.
Ella, presumía de virgen y coqueta.

domingo, 1 de junio de 2014

INFINITUD por Humberto G.



 

Tenía un coño muy bonito. Sé que suena brusco pero era la verdad. Ella me miró con cara de desagrado cuando se lo dije “Eso es como mínimo poco romántico” no diría yo tanto, digamos que, como me ha pasado tantas veces por ser sincero he sido brusco u obsceno, nada más.
La cosa es que ella vino a casa con una ropa que se había comprado, un vestido azul marino y me dijo que se lo iba a probar. “Para que vas a ir a cambiarte al baño si lo puedes hacer aquí en el salón”, le dije. Mi audacia consistía en aquel tiempo en hacer proposiciones que creía que no iban a resultar y lo cierto es que no recuerdo que ninguna mujer respondiera a ellas de forma negativa. Creo que siempre respondieron a ellas como a provocaciones y querían sorprenderme más de lo que yo las sorprendía a ellas. En fin que se me desvistió delante no sin antes provocar que me atragantara con el advocat que me estaba bebiendo en un vasito muy chico y muy labrado. Me miró fijamente, eso es, me miró como respondiendo al reto que ella sabía que me iba a sorprender, chulo tu, chula yo. Se me desvistió de bragas y todo porque no llevaba sujetador. Las bragas no eran necesarias para probarse el vestido pero se las quitó igualmente para superar mi chulería. No sabía donde poner el vasito labrado con el Advocaat, me creía un dandi por aquel tiempo, pero las poses se me iban un poco de las manos. Ella se mordió el labio mientras se quitaba las bragas que una vez en su mano ocuparon sorprendentemente poco espacio como si las hubiera estrujado;  de las bragas en el suelo solo quedaba a la vista la parte de paño blanca, el reforzamiento. En ese instante, infinito también, me pareció que me venía una ráfaga de olor, pero por lo que viví luego ese olor que creí oler fue simple sugestión de mi deseo. Se probó el vestido que no le quedaba nada bien “espectacular, te queda espectacular. Ya puedes quitártelo otra vez” Recé para que no quisiera proseguir la cuestión con el vestido puesto, ya que nunca me ha gustado el sexo con ropa. El desnudo es mi campo. El desnudo femenino sin aderezos, ese es el caldo de cultivo de mi deseo, ahí encuentro un campo infinito para mi libido. Se quitó el vestido por la cabeza y quedó justo ante mis ojos lo que antes dije que tenía muy bonito y que provocó mi comentario poco acertado.
-Además, los coños no son bonitos
.Te equivocas...
Así, desnuda completamente, con esos senos abarcados casi completamente por un pezón de piel recia pero con el contraste de una piel suave alrededor, con una barriga acogedora y un vello de rizo pequeño y que se difuminaba con el color de la piel, me parecía tocar a Cleopatra.
Nos estuvimos besando largo rato y no sé como acabé en el escenario como sigue: yo también desnudo, ella en la cama “estaremos más cómodos”, yo arrodillado junto a ella, el vasito con Advocaat… ¿Dónde quedó el vasito con Advocaat?...
Y al primer contacto de mi mano supe que iba a desencadenarse algo inaudito, algo nunca visto por mí y que temía fuera a sobrepasarme. El deseo, que seguía existiendo, se mezcló con una extrema curiosidad. Me coloqué como para contemplar el acontecimiento que sobrevenía porque mi mano no se movía del mismo lugar donde se colocó no recuerdo en que punto del relato. Ella parecía temblar, se retorcía desnuda en el sofá y su rostro parecía de sufrimiento,
-¿Estás bien?
Por un segundo cambió un poco el rostro para contestarme “Tu qué crees” y retomó lo que ella estaba allí sufriendo, porque no se me ocurre decirlo de otra forma: estaba sufriendo placer. Llegados a un punto, se ve que no sabría que hacer con las manos o que me coloqué de forma adecuada, que ella cogió con naturalidad mi polla y se la colocó en la boca y como un engendro carnívoro, un monstruo de carne formamos ahí un todo a la vez acostado y de rodillas moviéndose al son que ella imponía.
Ella vibraba y entonces vino el desencadenamiento sucesivo, como en una reyerta, parecía estar poseída, con un cierto halo de violencia quizá, sujetándome con la mano inerte, por donde el engendro que formamos nos unía, de sus labios se sucedieron una dos , tres suspiros sucesivos, cuatro, ¿cinco? “¿Sigo?” me dije y seguí, seis, todos seguidos pero reconocibles siete, y seguía y no sé si fue por un calambre en mi mano o por curiosidad que paré, estaba confuso, sorprendido, anonadado ante el espectáculo:
-¿Eres multiorgásmica?
Y visiblemente molesta, sorprendentemente pronto, sin recuperación alguna, esta mujer infinita, fijando sus ojos negros en los míos me contestó “¿Tu qué crees?”.
Creyendo no ser ya el mismo, perplejo, me quedé pensando cuando ella ya se hubo dormido en la mujer y en el placer, es decir, en la cualidad de lo infinito


miércoles, 28 de mayo de 2014

ANGÉLICA Y UN TAXI DE QUINCE EUROS por Wi RR



    
 ANGÉLICA
SUBE AL CIELO,
RECORTO SUS PEZONES
EN EL RAYO DE LUZ.


SATÁN
ME PONE UNA MANO EN EL HOMBRO,
ELLA BAJA
Y DEJA SU SONRISA EN MI BOCA.

VUELVE A SUBIR
Y ARROJA SUS BRAGAS
SOBRE EL GIN TONIC
Y MIS MIEDOS.

" ESTÁN LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO "
ME RECUERDA BOB,
RECORRO LAS LÍNEAS DE SUCUERPO,
TOMO UN SORBO.

EL TIEMPO
SE PARA COMO UNA TRAGEDIA,
MIENTRAS SE DESPARRAMA
SOBRE LA BARRA DEL BAR.

ME OFRECE UN BESO,
ROZO SU CUERPO.
LA POLE DANCE DESAPARECE.
ABANDONO COLORES.
COJO UN TAXI DE QUINCE EUROS.