viernes, 10 de abril de 2015

EL RUISEÑOR por Lourdes N.J.


De los amantes que tuve
ninguno fue tan sincero
como aquel ruiseñor
que al alba de la mañana
cuando se iba,

dejaba un jazmín
en el alféizar de mi ventana.

viernes, 13 de febrero de 2015

POR LOS PIES



Frente al espejo me poseyó la eterna duda que ya tuvieron otros en la historia. Dónde estaría la obra de Arte… ¿A un lado o al otro? Quizás en la delgada línea que se separa nuestras fantasías de nuestras realidades. Juego borrominesco de sensuales curvas y contracurvas en esta cercana orilla, la carne hecha carne, la piel hecha piel, y prolongación enmarcada al otro lado, el que refleja benditas realidades que a veces parecen querer quedarse a este lado del espejo. Y yo en silencio. Y ella también. Y yo tan bobo. Y ella tan lista. Y yo con prisas. Y ella tan eterna. Y yo desnudo. Y ella vestida. Todavía. Sin prisas. De la cabeza a los pies…
-         ¿Qué piensas, tontorrón?
La interrogación debió azotar algún rincón de mi cerebro tanto o más que la línea serpentinata de su cadera, látigo que, en aquel momento, parecía fustigar cada poro de mi piel…
-         No me creerás. Pensaba… (Si es que se podía pensar en aquel momento). Pensaba por dónde debe empezar una mujer a desnudarse…
Creo que calló su respuesta, no habléis que mueren los críticos pero no el Arte, que quizás no exista, o no existió nunca, pero sí las artistas. Pero habló su cuerpo. Hablaron sus ojos extasiándose. Hablaron sus labios inflándose de rojo. Habló su lengua barnizando sus labios. Hablaron sus dedos borrando errores que ocultaban la belleza: adiós pañuelo, adiós botones de la blusa, adiós cremallera, adiós falda, adiós corchete, adiós blancos encajes que ocultaban el más oscuro y sutil encaje… Mirando al espejo he dudado en qué espacio se sitúa la rotundidad de su desnudez. Quizás soy el que está al otro lado de la obra. Quién sabe… Sólo sé que no he desaprovechado la ocasión de dejar escapar a esta Proserpina, de responder haciendo mías las interrogaciones de sus caderas, de penetrar en el oscuro secreto del encaje que enmarca su sexo, de beber el manantial de sus fuentes; adiós telas, adiós preparativos, adiós preámbulos, adiós miedo al cuadro en blanco, bienvenida sea la obra perfecta, esa que dicen no existe, bien que mienten, confieso que lo he vivido, confieso que la he gozado, confieso que la he sentido, confieso que la he penetrado…
Mirando al espejo vuelvo a pensar,  si es que eso es posible…
Ahora soy yo el que mantengo mi desnudez y ella la que parece querer responderme. No sé si nos retrata su mirada desde el otro lado del marco o es el reflejo imaginativo de mis deseos. Se han dibujado posturas y perspectivas, jadeos y silencios. Pero no me ha respondido. No hasta este momento. Su piel desnuda vuelve a dibujar un interrogante en curvas que se agachan sobre sí. Se ajusta los zapatos de tacón que en ningún momento se había quitado. Lo demás, evangelio de la pasión, vendrá por añadidura. En el aire ha dibujado la más clara de las respuestas: las mujeres se visten por los pies…

viernes, 30 de enero de 2015

GRACIAS



- ¿A qué no habéis entrado en la página de ArtPorn?

La pregunta de Gracita cogió desprevenida a las tontorronas de sus amigas en una tarde sin gracia de un sábado sin gracia…

- Desgraciadas… No sabéis lo que os perdéis. Un sitio donde se demuestra que se puede hacer Arte con mayúsculas, congraciarse con agraciados cuerpos que copulan de forma artística delante de la cámara. Algo artístico. Arte por el Arte.

-         Un Arte sublime sin interrupción…

-         Ya lo creo, perfección de cuerpos frente a frente…

-         A un lado y otro de la cámara…

-         O del lienzo…

-         Arte vivo y carnal…

-         ¿Estamos pensando en lo mismo?

-         Nada de cámaras ni de postureo de red social…

-         Ni ordinarieces…

-         Cuerpos frente a frente…

-         Algo artístico…

-         Prohibidos los cuartos de baño…

-         Y los espejitos…

-         Y las poses…

-         En un sitio elegante…

-         Con Arte…

Cuatro de la tarde. Sala IV de un desértico Museo de Bellas Artes. Sestean cuadros y vigilantes. Tres Gracias desnudas en un lienzo desde hace siglos. Artes bellas. Cuatro desgraciadas frente a ellas. Sonríen nerviosas. Se hacen gracia. Caen al suelo blusas, pantalones, faldas, medias, sujetadores, braguitas y hasta un mínimo tanguita. Al frío suelo. Frente al lienzo, cuatro cuerpos desnudos se sienten una obra de Arte: pechos al óleo, caderas sobre lienzo, posturas en un marco y sexos ardientes en la frialdad académica que las contempla. No lo habían pensado, pero entre sonrisas nerviosas han comenzado acariciarse. Pelos, hombros, pechos, pezones, caderas, nalgas y hasta algún coño que no superaría las estrictas mediciones de humedad que se realizan en la sala. Un motivo para que salten las alarmas. Una gracia.  Arte por el Arte. Pobres desgraciadas. Las cámaras del museo acababan de estrenar su programa de difusión continua: “Arte para todos y al alcance de todos”. El patrocinador nunca imaginó el masivo seguimiento que tendría su proyecto.

viernes, 23 de enero de 2015

El Río de la Plata por Humberto G





Supongo que la idea me había rondado desde hacía tiempo pero sólo se me hizo patente en ese instante: si mi motivación sexual consiste en mirarla a ella, dado que ella cierra los ojos, ¿en qué piensa en ese período atemporal? ¿Dónde encuentra su motivación si no es en lo que puede ver?
-¿En qué piensas mientras follamos?
Había estado ensimismada mirándose las uñas y a los transeúntes. Levantó la cabeza y me miró espantada, pero de forma teatral.
-En qué voy a pensar. En lo que hacemos.
-Entonces, ¿por qué cierras los ojos?
Se me ocurrió que me había precipitado. No sabía si quería indagar más.  Ella clavó los ojos en mí y supe que por su cabeza pasaban ideas que no estaba segura de querer compartir conmigo. Tuve que poner la misma cara de no saber si hablar o no, porque sonrió.
-¿En qué piensas tú? –me dijo, seguro que para ganar tiempo.
-Me gusta ver la cara que pones. De cualquier manera, la visión del desnudo femenino me basta. Desde siempre. ¿Y tú?
-Yo pienso en vos.
-Entonces por qué cierras los ojos. Si me puedes mirar en carne y hueso, por qué imaginarme…
-Mira, es verdad, no siempre pienso en vos. Es absurdo jugar a este juego. No es nada malo. No creo serte infiel por pensar en cositas. Algunas veces tengo fantasías digamos… fantasías externas a nuestro propio acto… ¿Entendés?
-Ya veo. Y, dime, ¿qué clase de fantasías?
-Ay, pues no sé chico en muchas cosas… seguro que vos también tenés… quitad esa cara que no conseguirés que me sienta mal.
-Quito la cara si me cuentas una de esas fantasías.
-Nunca.
-Si me cuentas una de esas fantasías, prometo olvidar toda la conversación y no hacer nunca jamás alusión a ella ni directa ni indirectamente.
Se quedó pensando. Le brillaban los ojos.
-Bueno. ¿Sabés una situación que nunca falla, una que me hace sentir entre mis piernas el Río de la Plata?
-Cuéntamelo.
-Pues que estoy en un parque y un tipo viejo, feo y gordo me empieza a meter mano. Y yo me dejo… me mete la mano por debajo de la pollera ansioso… y por la blusa y me magrea toda… yo no hago nada, él lo hace todo con esas manazas enormes… eso me pone a cien.

Me lo contó y jamás fui el mismo. Me lo contó y no cumplí mi promesa. Me lo contó y no puedo dejar de pensar en ello.

miércoles, 7 de enero de 2015

EL UMBRAL DE LA SOMBRA por Lourdes N.J.



Ven a mi pequeño mundo
que llevo sobre mi cuerpo
mi blusa, mi falda, mis medias
y mis zapatos charol de tacones
esperándote como aquella
noche en el umbral
   para que lo atravieses,
me desnudes y pueda
sobre mi silueta entrar
tu cuerpo hacia mi sombra.

domingo, 4 de enero de 2015

MARICRUZ



Cuando la conocí tuve mis dudas sobre si era mocita, si venía del famoso barrio y hasta sobre su rubia melena, aunque hubo lenguas, malintencionadas, que me advirtieron de un cuerpo hechicero que hacía a los hombres pecar. No hice caso alguno. Todo sonaba a palabrería de copla que se lleva el viento.
- Mira que tras esa apariencia angelical y ese casto nombre se esconde todo un demonio…
Qué sabría nadie… Aunque pronto abandoné la línea del desconocimiento para situarme en el lado oscuro de su cuerpo. Y de su alma. Me explico. Como toda mujer que se precie, Maricruz tenía una especial fantasía que la excitaba. Suena feo, pero me contaron que se llamaba coprolalia: excitación con las palabras. En los pacientes comunes, con palabras malsonantes. Ella nunca fue común y el suyo debía ser un caso raro, pues el morbo de las palabras se reducía exclusivamente a cuatro letras, las cuatro últimas letras de su casto nombre. Si escuchaba esa dichosa palabra, las consecuencias eran absolutamente imprevisibles…
La primera misa a la que asistimos me dio la clave. “Por la señal de la Santa Cruz…”
Resorte activado. Fuera de sí. No tuvo reparos en que sus manos bucearan entre su escote, acariciaran la turgencia de sus pezones y acabaran buscando el calor insaciable de su entrepierna. Allí mismo. Uno, dos y hasta tres dedos. Antes de la homilía podía haber alcanzado dos o tres veces las eternidades prometidas, y cuando el celebrante dio la bendición final, pudimos marchar en paz, ella más que nadie, dándome la impresión de que daba las gracias por no humedecer más el ya no tan frío banco del templo.
Allí comenzó mi calvario… o mi Edén.
Desde entonces no hemos faltado a celebración dominical alguna, a funciones, a cruces de mayo o hasta a rosarios vespertinos donde se repitiera la austera y excitante letanía.  Rincones, estancias y hasta calles y plazas donde se repetía un éxtasis que casi nos hizo pensar en la creación de una hermandad cuya advocación no me atrevo a nombrar…
- Un demonio, un demonio…
Hoy más que nunca he recordado aquella palabras de advertencia. Pidió en la carta a los Reyes Magos una sesión fotográfica especializada. Sus majestades cumplieron y aquí nos encontramos, en un coqueto estudio, entre focos, decorados efímeros y blancas pantallas. El fotógrafo ha pedido que sea natural, que se deje llevar y que disfrute de la sesión. Cuando le ha propuesto acompañar la pose con música ha cometido el mayor de los errores posibles. A pesar de su apariencia de moderno, ha optado por acompañar el posado con una vieja melodía que hablaba de quereres y de amores a cuestas, con un estribillo insistente y definitivo:
- Eres mi cruz, eres mi cruz, eres mi cruz…
La reacción no se ha hecho esperar. El resorte se ha activado con más fuerza que nunca. El fotógrafo suda como en una selva. Yo he elegido la sintonía del resto de mi vida…

lunes, 29 de diciembre de 2014

INOCENTE KAMASUTRA




Tras analizar la documentación que obra en nuestro poder, los testimonios recogidos por este tribunal y tras el análisis de diferentes pruebas fotográficas y grabaciones de diferente tipo, se acusa a la pareja imputada de los siguientes cargos:
- En el día de abril arriba citado, el acusado y la acusada comenzaron realizando la postura llamada el espejo del placer en la atracción conocida como la casa de los espejos, con el consiguiente escándalo y aumento de atracción y hasta de precio; de haber practicado la postura de la sorpresa junto a las tiendas de paquetes sorpresa, con el consiguiente subidón de las ventas; de haber protagonizado la unión del tigre y la unión del antílope en las cercanías del circo Mundial, siendo precisamente la mundial la que se armó a sus puertas y no digamos la que se formó en su interior al ver practicar a esta misma pareja la llamada posición del trapecio; de haber copulado en la llamada postura de la balanza en la atracción del barco vikingo, creciendo desde ese momento el número de cornamentas reales y sentimentales de toda la zona; de haber realizado el acto carnal en la montaña rusa en la posición de la carretilla, actuación que provocó algunos de los aplausos más prolongados que se han oído en toda la Feria; de haber conjugado el verbo amar en la posiciones de el sometido y de la gran abertura nada menos que en el tren de la Bruja, que precisamente pidió la jubilación tras asistir a tan ardorosa escena; de haber folgado en la posición llamada de las aspas de molino en el conocido como folklore alemán, hecho que motivó el pase a la jubilación del muñeco de la cerveza tras haber sido visto vestido de lagarterana; de haber practicado el fornicio en las posturas de la butaca y de la catapulta, amén de algún intento de la postura salvaje, en el tren y en la casa del terror, actuación que motivó el pase a la reserva de las gachís que animaban la entrada de la referida actuación; de haberse atrevido a protagonizar la postura de la doma con la variante de la posesión e incluso de la carretilla, en un tiovivo, hecho que provocó el traslado de algunos caballitos de cartón y algún cochecito de bombero al cementerio de coches más cercano y, finalmente, de haber practicado la unión marital en las posturas de la medusa, del misionero y del teto en la atracción de los coches locos, hecho que provocó el aumento de dementes y alterados en una cifras tan exageradas que las autoridades competentes se han planteado la reapertura de manicomios y centros de recuperación...
- Leídos los cargos, antes de iniciar el juicio, ¿Cómo se declaran los acusados?
Anticipándose a su pareja, la mujer contestó tranquila, calmada y con un punto de picardía:
- Inocente, señoría, muyyyyy inocente.

jueves, 25 de diciembre de 2014

ME DA IGUAL por Humberto G.



Todo era me da igual y eso le hacía siempre dudar. Y es que recordó el día que le dijo que bueno, que ella se dejaría hacer pero que ella no le haría nada. Fue después de preguntarle, con dos copas, como de broma pero morbosamente, si ella estaría dispuesta a tener relaciones con otra mujer.
Aquel me da igual por todo y amoldarse a cualquier plan que él le propusiera le daba esperanzas de que fuera una mujer abierta a todo.
Fue entre aquella duda suya y una cosa que ella le contó que la cuestión quedó resuelta. Lo que le contó un día cenando fue que una pareja amiga suya, de la que le había hablado en alguna ocasión anterior, se decidió a contratar por teléfono a una prostituta para hacer tríos, bueno no dijo prostituta, “una chica” para hacer tríos. Según le contaron, tanto se habían habituado a hacerlo los tres que ella ya no cobraba sino el gasto que hiciera en la casa, y ellos ya no podían tener relaciones los dos solos. Las relaciones entre aquellos  dos (que ya parecían pocos) amigos se volvieron tristes, vacías, incompletas.
Fue contarle aquello y que uniendo el relato a su quemazón tuviera arrestos para proponérselo:
-Conozco una chica que se vendría con los dos a la cama.
Ella se quedó en silencio mirando distraída a un lado, se le notaba el latido de toda ella lo que era prueba inequívoca de que estaba excitada.
-Entonces qué, ¿Quieres que llame a la chica esta noche?
Su tardanza en responder, su cara seria, sembró la duda. Creyó haber metido la pata y estar a las puertas de un no sé qué terrible. Le dio tiempo a pensar que diría aquello de “me da igual”. Un momento más y aquella mujer hermosa y entregada dejó salir unas palabras de sus labios: “Si quieres darme el número la llamo yo”.

lunes, 24 de noviembre de 2014

LA ZURDA por Juan Bragas



Tuvo que recostarse para que no chocara el codo de ella con su vientre, para darle espacio para moverse a ese brazo que parecía puesto al revés, en una postura imposible. Ella la miraba fijamente y su pulso y su ritmo eran de una intensidad creciente. Esa mirada suya, tan seria, y ese oficio le sorprendieron.
No podía controlar sus pensamientos en esos momentos y la postura del brazo izquierdo de ella, que le parecía tan incómoda, le recordó a cada vez que la había visto escribir en clase: el brazo encima del cuaderno, la cabeza gacha, la muñeca torcida arrastrando el brazo…Parecía estar escribiendo entre sus piernas.
-Vaya bulto.
-He acumulado mucha tensión en estos días.
-Me dejas que te quite la tensión
Parecía hipnotizada por la existencia de la polla de él, no dejaba de mirarla como la que observa un ídolo, un tótem, y sus movimientos con su mano izquierda: un sacrificio bien aprendido, un modo de redención, una catarsis.
Abarcando con aquella mano izquierda el tallo, observando esa otra cabeza, aceleró como leyéndole el pensamiento, porque él no decía nada, y se le hinchaban los labios y le cambiaba la expresión del rostro. Ya había observado otras veces que cuando se excitaba se le cambiaba la expresión de la cara… como explicarlo: se le hinchaban los labios, le cambiaba el color de los ojos, se le cerraban un poco los párpados, se le sonrojaban las mejillas, sólo por un momento… algo extrasensorial había también.
Sin saber muy bien como, ella notó que él estaba llegando porque, alcanzando ese punto, dobló su mano, agudizó su mirada, se la tronchó una de cada dos o tres veces al final quedando la polla en sus manos como un muñeco que, finalmente,  apretó más fuerte por el tallo y después soltó para  que explotara en un escalofrío, como un géiser de cuyo espectáculo ella era observadora de la misma manera reverencial, obnubilada, ensimismada y con oficio con la que realizó toda aquella maniobra excelsa.
Una maniobra manual en la oscuridad, una representación de una partitura para la mano izquierda, una paja a mano cambiada, un trabajo bien hecho...

viernes, 7 de noviembre de 2014

MAYÚSCULAS



Me acerqué con cautela a la ventana. Al fondo se divisaba un enorme jardín. Ella, como en la vieja canción de rock, saltó por la ventana sin que yo pudiera evitarlo. Libre de lazos y mordazas quiso reconocer el nuevo escenario. Vio, olfateó, tanteó, sopesó y eligió. Marcado el lugar propicio y favorable, dio rienda suelta a sus deseos: miró alrededor, se sintió libre y dio por buena la elección. Sabía que yo la miraba y se disponía a transformar el paisaje en un auténtico jardín de las delicias. Separando suavemente sus patas volcó en el lugar elegido el flujo contenido durante tanto tiempo: lluvia dorada en los dorados campos. Caía la tarde y se elevaban las satisfacciones, las confesables y las inconfesables. Cuando la llamé por su nombre pude intuir en su rostro una mirada cómplice, una plenitud de deseos consumados. Volvió, siempre lo hacía, corriendo hacia mí. Buscó, siempre lo hacía, su roce con mi piel. Regresó, siempre lo hacía, con la dueña de su destino. Meneó, siempre lo hacía, el rabo con alegría. Mi perra Cautela es así. Su dueña siempre cometerá faltas de ortografía…

jueves, 30 de octubre de 2014

HIRSUTA por Humberto G.



Decía no creer en la depilación como si la cuestión fuera el creer o el no creer. Resultaba divertido pensar en ello como en un dogma. Ella lo declaraba como un derecho de la mujer, como una protesta, como una reivindicación de la naturalidad femenina.
Todo en ella era reivindicación, incluso su mirada; se reía como sorprendida de que lo que dijera uno fuera gracioso; se reía, además, con naturalidad. Como no podía ser de otra manera.
El pequeño mechón denso, como grama negra, de su axila era un hermoso acumulador de un perfume intenso rayano en lo ácido pero que con el tiempo llegué a buscar intencionadamente. Ella se acariciaba aquel mechón riendo no sé muy bien por qué.
Sus piernas parecían cubiertas de una media negra, irregular,  suave, esponjosa, que ni acariciando a contra vello resultaba áspera. Una pelusa que también tenía debajo de la nariz si se acercaba uno lo suficiente para apreciarla. De lejos parecía una sombra.
Su vello púbico arrancaba debajo del ombligo como “un reguero de hormiguitas” que bajaba abriéndose en un abanico que no permitía vislumbrar su sexo carnoso. Por detrás, cuando iba al baño, podía verse de espaldas la espesura entre las piernas, a contraluz, al levantarse de la cama.
Ella era cortante, infiel, sensual y altiva, utilizaba mucha saliva en sus besos y era carnal cariñosa y besucona. En la intimidad, enamorado profundamente de su piel blanca y su naturalidad femenina, me acercaba a su oído y le llamaba: mi hirsuta.
-Tengo pelo en todos los sitios donde se puede tener –dijo un día distraída, al principio, cuando salió por primera vez el tema y no había visto aún casi nada, el vello era entonces una promesa.

Y es que toda la experiencia sexual con ella se basó principalmente en aquella inquietante diferencia, en ese mostrarse ella tal como era, sin contenerse en nada, y ese ser suyo tenía en el vello su estandarte y se convertía cada vez que nos enredábamos en protagonista de todo aquello tan salvaje, tan ensalivado, tan interrumpido por las hebras de vello en los labios, tan perfumado, tan íntimo porque la intimidades eran más escondidas por estar cubiertas de vello.
Hirsuta en mi recuerdo, o el amor salvaje.

sábado, 18 de octubre de 2014

FASCINACIÓN por Martini


Entró sigilosamente en la alcoba, apenas había luz
y la estancia destilaba un delicado aroma a flores.
Pensó que aún no había despertado.
Quiso convertirse en el guardián de sus sueños,
 y por un momento se colocó ante su cuerpo que era un poema desnudo escrito,
 placenteramente, entre las sábanas de seda.
No quiso romper la magia y el encanto de aquel instante.
La tentación de su piel de almendra era tan poderosa que se entregó
al extasiante recorrido de sus manos
y a la danza de su lengua mientras dibujaba trazos lujuriosos por todo su cuerpo.
Ella humedeció sus labios y saboreó la pócima de sus besos,
mirándole a los ojos leyó, en el brillo de sus pupilas, sus pretensiones.
Y así, fascinada por su olor y por sus caricias tan ardientes,
dejó la miel de su boca sobre su piel, mientras sentía enloquecer
cuando él alcanzaba el edén más exquisito, hasta hacer que estallara
el torrente de sus jugos más íntimos y secretos.

jueves, 2 de octubre de 2014

LA BOFETADA por Humberto G.



Le rompí las bragas, no sé yo en que estaba pensando, pero se las rompí. Las cogí por los lados y tiré con fuerza. Me sorprendió la fragilidad de la tela y como cedió ante mi apasionado impulso. A ella no le gustó nada, “¿Qué haces?” con ese tono tan desagradable que ella utilizaba y me dio un bofetón. Esa escaramuza nos excitó muchísimo. Así, sin querer, empezó todo.
Como en un pacto no preestablecido nunca comentábamos lo que hacíamos a la hora de follar. Esos momentos los manteníamos latentes dentro de ese espacio que era nuestra sexualidad. Supongo que para expresarnos libremente cuando llegara el momento, para  que ninguno de los dos se pudiera sentir coartado a la hora de expresar su deseo. Tampoco hablamos de las bragas ni de la bofetada.
La siguiente vez le pedí que me pegara otra vez, durante la refriega, abstraído porque ella sudaba y apretaba los dientes, “Pégame” y me pegó con todas sus fuerzas. Nos corrimos a la vez.
No tardó en pedirme que le escupiera. Eso abrió una puerta que quizá, visto con perspectiva, nunca debimos abrir. Sin darnos cuenta estábamos exprimiendo nuestra sexualidad al máximo: “Escúpeme”. Supongo que las palabras, el tono imperativo, también hacían mucho.
La pequeña violencia se convirtió en una compañera inseparable aunque, en verdad, no queríamos. Sé que ella pensaba igual que yo de modo que durante un tiempo, ya conscientes del problema, iniciábamos nuestros escarceos con mucha suavidad, con mucho cariño, con besos y caricias pero de repente se le escapaba a ella un mordisco en el labio “Ay, perdón” o a mí un cate en su culo y volvíamos a empezar.
Como con todo pecado tendimos al exceso porque la dosis que necesitamos cada vez para conseguir el mismo resultado, iba siempre creciendo. La vida misma. El peligro no era el punto en el que estábamos sino donde podríamos llegar si continuábamos así.
Por primera vez hemos hablado de ello porque esto se nos va de las manos.
Le digo que ojala no le hubiera roto nunca las bragas.
 Ella me responde que ahora eso parece un juego de niñas.

viernes, 19 de septiembre de 2014

VIBRACIONES por Juan Bragas



Escribió el mensaje a través de whatsapp. Pensó que no habría sido capaz de hacerlo cara a cara. El whatsapp lo inunda todo. Todo empezó por casualidad en el trabajo.
No me va a dar tiempo a entregar el informe
Pues que la mamen
Quién a quién, cuándo y dónde
Jajaja
Tardó en reaccionar. La buscó con la vista instintivamente pero en la oficina les separaba una larga distancia. La vio de lejos sonriendo. Desde aquel día el juego se convirtió en habitual.
Apuesto a que nunca te han ofrecido el culo

Qué quieres decir con ofrecer
A que te lo pongan para que te corras en él
¿Dentro o fuera?
Umm, yo me refería a fuera. Pero dentro tampoco está mal.
Podría parecer por las conversaciones que se habían conocido carnalmente. Pero no era el caso. Cada uno quería llegar más lejos que el otro. Cada día se saludaban en la oficina como a uno más sin hablar de aquella quemazón, aquel juego a través de mensajes.
 Pero ese por detrás me deja todavía algunas dudas.
Dime.
Hay dos orificios, ¿no?
Así es. Uno muy cerquita del otro.
Puede uno equivocarse fácilmente
No tan fácilmente
¿Te enfadarías conmigo si me equivocara?

Estos mensajes les resultaban especialmente valiosos por sí mismos. Las conversaciones que mantenían tenían algo que les despertaron viejas sensaciones que creían haber perdido.
No mucho.
Según.
Según qué
El momento.
O que apetezca.
Aparte de eso no creo que seas de los que les importe
El qué
Que me enfadara
La verdad es que no. Una vez hecho...
Ya lo sabía.
 A veces he hecho como si me enfadara pero en realidad…
… me había gustado que no me echaran cuenta.
 Sabes?
Es como si pudiera una saltarse ciertas reglas.
No sé si me entiendes
Creo que sí, pero si me pones un ejemplo…
Bueno.
Una vez, por ejemplo, no sé si será ilustrativo...
bueno, estaba chupándosela a mi novio y cuando iba a acabar
me agarró la cabeza con fuerza, me inmovilizó
Me cayó en el ojo que se me irritó y todo.
En el momento me molestó pero cada vez que me acuerdo me pongo.
Muy ilustrativo.
Pero no creo que cayera otra vez en lo mismo.
Quiero pero no quiero.
Eso ya es difícil de entender.
Chico así somos las mujeres.
Ella tenía una nariz muy particular y no llamaba mucho la atención pero cuando se reía estaba muy atractiva. Tendía a tapar sus orejas con el peinado porque creía que las tenía un poco separadas. Enseñaba todos los dientes al sonreír y se ruborizaba.
Una tarde, cuando la temperatura ya les alcanzaba máximos históricos…
Mírame
Qué
Que me mires
Entonces levantó la vista. Se habían quedados solos en la oficina. Ese fue el momento de quitarse la careta, darse por vencidos, dejar las palabras a un lado y apagar el móvil.