sábado, 18 de octubre de 2014

FASCINACIÓN por Martini


Entró sigilosamente en la alcoba, apenas había luz
y la estancia destilaba un delicado aroma a flores.
Pensó que aún no había despertado.
Quiso convertirse en el guardián de sus sueños,
 y por un momento se colocó ante su cuerpo que era un poema desnudo escrito,
 placenteramente, entre las sábanas de seda.
No quiso romper la magia y el encanto de aquel instante.
La tentación de su piel de almendra era tan poderosa que se entregó
al extasiante recorrido de sus manos
y a la danza de su lengua mientras dibujaba trazos lujuriosos por todo su cuerpo.
Ella humedeció sus labios y saboreó la pócima de sus besos,
mirándole a los ojos leyó, en el brillo de sus pupilas, sus pretensiones.
Y así, fascinada por su olor y por sus caricias tan ardientes,
dejó la miel de su boca sobre su piel, mientras sentía enloquecer
cuando él alcanzaba el edén más exquisito, hasta hacer que estallara
el torrente de sus jugos más íntimos y secretos.

jueves, 2 de octubre de 2014

LA BOFETADA por Humberto G.



Le rompí las bragas, no sé yo en que estaba pensando, pero se las rompí. Las cogí por los lados y tiré con fuerza. Me sorprendió la fragilidad de la tela y como cedió ante mi apasionado impulso. A ella no le gustó nada, “¿Qué haces?” con ese tono tan desagradable que ella utilizaba y me dio un bofetón. Esa escaramuza nos excitó muchísimo. Así, sin querer, empezó todo.
Como en un pacto no preestablecido nunca comentábamos lo que hacíamos a la hora de follar. Esos momentos los manteníamos latentes dentro de ese espacio que era nuestra sexualidad. Supongo que para expresarnos libremente cuando llegara el momento, para  que ninguno de los dos se pudiera sentir coartado a la hora de expresar su deseo. Tampoco hablamos de las bragas ni de la bofetada.
La siguiente vez le pedí que me pegara otra vez, durante la refriega, abstraído porque ella sudaba y apretaba los dientes, “Pégame” y me pegó con todas sus fuerzas. Nos corrimos a la vez.
No tardó en pedirme que le escupiera. Eso abrió una puerta que quizá, visto con perspectiva, nunca debimos abrir. Sin darnos cuenta estábamos exprimiendo nuestra sexualidad al máximo: “Escúpeme”. Supongo que las palabras, el tono imperativo, también hacían mucho.
La pequeña violencia se convirtió en una compañera inseparable aunque, en verdad, no queríamos. Sé que ella pensaba igual que yo de modo que durante un tiempo, ya conscientes del problema, iniciábamos nuestros escarceos con mucha suavidad, con mucho cariño, con besos y caricias pero de repente se le escapaba a ella un mordisco en el labio “Ay, perdón” o a mí un cate en su culo y volvíamos a empezar.
Como con todo pecado tendimos al exceso porque la dosis que necesitamos cada vez para conseguir el mismo resultado, iba siempre creciendo. La vida misma. El peligro no era el punto en el que estábamos sino donde podríamos llegar si continuábamos así.
Por primera vez hemos hablado de ello porque esto se nos va de las manos.
Le digo que ojala no le hubiera roto nunca las bragas.
 Ella me responde que ahora eso parece un juego de niñas.

viernes, 19 de septiembre de 2014

VIBRACIONES por Juan Bragas



Escribió el mensaje a través de whatsapp. Pensó que no habría sido capaz de hacerlo cara a cara. El whatsapp lo inunda todo. Todo empezó por casualidad en el trabajo.
No me va a dar tiempo a entregar el informe
Pues que la mamen
Quién a quién, cuándo y dónde
Jajaja
Tardó en reaccionar. La buscó con la vista instintivamente pero en la oficina les separaba una larga distancia. La vio de lejos sonriendo. Desde aquel día el juego se convirtió en habitual.
Apuesto a que nunca te han ofrecido el culo

Qué quieres decir con ofrecer
A que te lo pongan para que te corras en él
¿Dentro o fuera?
Umm, yo me refería a fuera. Pero dentro tampoco está mal.
Podría parecer por las conversaciones que se habían conocido carnalmente. Pero no era el caso. Cada uno quería llegar más lejos que el otro. Cada día se saludaban en la oficina como a uno más sin hablar de aquella quemazón, aquel juego a través de mensajes.
 Pero ese por detrás me deja todavía algunas dudas.
Dime.
Hay dos orificios, ¿no?
Así es. Uno muy cerquita del otro.
Puede uno equivocarse fácilmente
No tan fácilmente
¿Te enfadarías conmigo si me equivocara?

Estos mensajes les resultaban especialmente valiosos por sí mismos. Las conversaciones que mantenían tenían algo que les despertaron viejas sensaciones que creían haber perdido.
No mucho.
Según.
Según qué
El momento.
O que apetezca.
Aparte de eso no creo que seas de los que les importe
El qué
Que me enfadara
La verdad es que no. Una vez hecho...
Ya lo sabía.
 A veces he hecho como si me enfadara pero en realidad…
… me había gustado que no me echaran cuenta.
 Sabes?
Es como si pudiera una saltarse ciertas reglas.
No sé si me entiendes
Creo que sí, pero si me pones un ejemplo…
Bueno.
Una vez, por ejemplo, no sé si será ilustrativo...
bueno, estaba chupándosela a mi novio y cuando iba a acabar
me agarró la cabeza con fuerza, me inmovilizó
Me cayó en el ojo que se me irritó y todo.
En el momento me molestó pero cada vez que me acuerdo me pongo.
Muy ilustrativo.
Pero no creo que cayera otra vez en lo mismo.
Quiero pero no quiero.
Eso ya es difícil de entender.
Chico así somos las mujeres.
Ella tenía una nariz muy particular y no llamaba mucho la atención pero cuando se reía estaba muy atractiva. Tendía a tapar sus orejas con el peinado porque creía que las tenía un poco separadas. Enseñaba todos los dientes al sonreír y se ruborizaba.
Una tarde, cuando la temperatura ya les alcanzaba máximos históricos…
Mírame
Qué
Que me mires
Entonces levantó la vista. Se habían quedados solos en la oficina. Ese fue el momento de quitarse la careta, darse por vencidos, dejar las palabras a un lado y apagar el móvil.

martes, 16 de septiembre de 2014

LEO VS. LISA … por Alejandro Lérida




Las piernas que se abren y lo perdonan todo.
Muslos de reina, resbaladizos
labios
y la peca estratégica
y el adorno en el dedo,
un círculo por dentro de un
triángulo,
el nudito que haces y
deshaces,
un instante de oro que se va,
pero vuelve…

La boca desbocada,
que no rehúye —¡roja!— el
exabrupto,
el taco.

Contigo solo se me ocurre
blasfemar…
Y los oídos como el agua que
 rebosa
y se derrama —¡puta!— por
todo aquello
que tu madre no quiso que
escucharas.
Y tus ojos —¡Gioconda!—
pegados a mi piel,
al óleo propio de mi carne
inmóvil.

La mancha de pintura
al borde del anillo con que me regalé, al
hacerme con tu mano,
como tú te regalas ahora
mismo.
(Y pensabas que así mejorabas la obra).

miércoles, 27 de agosto de 2014

MI INSTITUTRIZ por Humberto G.

Iba a casa a darme clases de apoyo pero, a veces, se quedaba para cuidarme ya que mis padres viajaban mucho y ella prestaba también ese servicio. La cosa es que a pesar de ser un adolescente mis padres no se habían fijado en que yo ya no necesitaba ningún cuidado. O más bien no se fiaban de mí. El caso es que la institutriz que me daba clase de buenas maneras, idiomas, literatura y lo que se terciara, pasó casi un año entero, con diversas interrupciones, conviviendo conmigo.
Eyaculé en su rostro porque ella me lo pidió y jugábamos a otras cosas que ella me proponía como un juego aunque yo ya no era un niño ni a eso se le pueden llamar juegos. Mandaba mucho la institutriz y me indicaba lo que debía hacer como un mandato, por eso lo llamo juego porque yo obedecía para complacerla.
-Colócate ahí…, no, boca arriba…
Y yo obedecía y ella se colocaba encima, “Abre la boca” y yo la abría, “ahora saca la lengua”, “¡Más!”, y así.
Otros días traía cuerdas y me decía que la atara a algún sitio aunque daba igual porque atada también me decía lo que debía hacer. En otra ocasión trajo un tarro de mermelada y así.
-Debes prometerme una cosa.
-Lo que quieras.
-Nunca le dirás a nadie lo que vas a ver a continuación.
-Lo juro.
Ahora el juramento no tiene sentido. La primera vez que me mostró sus intenciones, cuando estuvo segura de mí,  se me desnudó delante toda blanca como la leche, un voluminoso monte de Venus, frondosamente cubierto de un vello negro  y se masturbó sin ni siquiera sentarse. De pié.
Alguna vez, alguna mujer, en alguna circunstancia, me ha dicho que tengo costumbres raras. Siempre les digo que a mí me enseñaron así.

sábado, 16 de agosto de 2014

CON MI ALIENTO EN TU OIDO por Luis del Castillo

Con mi aliento en tu oído,
Mis labios te susurran un amor nunca antes vivido.
Con un roce de mis dedos,
Mis manos recorren tu cuerpo
Y te aprietan contra mí mientras te rozan un te quiero.
Mi boca en la tuya,
Se engullen una a la otra;
Mi torso entre tus piernas,
Devorado por tu cuerpo,
Engullido, atrapado.
Y no quiero salir de él
Más que para a él volver;
Volver a tí amor mío.
Con un te quiero en mis labios,
Con un te quiero en mi boca,
en mis dedos, en mi cuerpo...

lunes, 11 de agosto de 2014

LAS REGLAS DEL JUEGO por Juan Bragas



La dejó entrar primero en su cuarto no por mirarle el culo sino por educación. Eligió puerilmente su cuarto, “Yo me pido en mi cama” y los otros tres se rieron.
Una vez allí de sopetón le desapareció aquella ensoñación que siempre le provocaba el alcohol y empezó  a ver claramente la nueva coyuntura, la consecuencia de lo que habían decidido hacía sólo unos momentos en una sala de la planta de abajo: allí estaba, en su habitación, con la mujer de su mejor amigo y la mejor amiga de su mujer en disposición, pactada, de follar.
-Debemos actuar como personas maduras –dijo su amigo hacía sólo un rato- poniendo una serie de reglas que nos permitan sobrevivir a esta experiencia y mantener intacto todo como antes…
-Somos gente madura, joder. Es una vivencia que puede ser muy bonita –dijo la mujer de su amigo.
Su mujer no decía nada. Miraba tranquilamente a todo el que hablaba sin emitir sonido y, este hecho, le hizo zambullirse de nuevo en esa nebulosa de dolor que para él había sido siempre las experiencias anteriores de su mujer. Esa inmutabilidad de ella, ese consentimiento que era no oponerse a lo planteado,  le provocó una mezcla de lujuria y sufrimiento.
Las reglas que dispusieron fueron las siguientes:
-no hablar jamás de lo que ocurriera aquella noche, 
-pasar el día siguiente juntos para evitar huídas hirientes y hacer más fuerte su amistad y
-no hacer ruido ya que los cuartos estaban muy cercanos.
En la soledad de sus pensamientos, una vez se encontró a solas con la mujer de su amigo, le vinieron claramente a la cabeza todas las fantasías que había tenido acerca de ella (que las había tenido) desde que su amigo se la presentó, a saber: cómo serían sus pezones, su cara, su ansiedad si la hubiere, dónde dirigiría su mirada una vez desnudos,  etc. De modo que no tuvo que improvisar, solo poner en práctica la lección tantas veces repasada. Con diligencia y sin recato.
A la mañana siguiente, su mujer fue la última en llegar a la mesa. Dio los buenos días. Todos se habían sonreído un poco forzadamente al encontrarse en la cocina. En silencio se entretenían cambiando cosas de sitio, preparando el desayuno, poniendo cosas en la mesa…, todo porque se sentían incapaces de mirarse a la cara. Todos actuaban con una contenida incomodidad.
Sin embargo, al llegar su mujer la miró fijamente por ver si en ella descubría alguna señal de lo sucedido aquella noche. Una felicidad fuera de lo común por ejemplo. Entonces, ella se sentó en su silla, cogió un trozo de pan en el que untó mermelada y tras un bostezo que creó expectación en los otros tres dijo:
-La próxima vez lo hacemos en la misma habitación los cuatro.

lunes, 30 de junio de 2014

VINTAGE por Don Triquitraque

Los electrodomésticos de la casa, mi faldita de cuadros, mi corte de pelo de pelo y mi chalequito rosa pueden parecer de un tiempo pasado. 
La pérdida de mi ropa interior me parece de un tiempo reciente.
El fuego de mi entrepierna empieza a parecerme eterno...

domingo, 15 de junio de 2014

DAÑOS COLATERALES por Juan Bragas




Le acerqué un pañuelo de papel un poco avergonzado pero ella me lo rechazó.
-Espera, Voy a mirarme en el espejo
De estar arrodillada se le habían coloreado las rodillas. La vi deslizarse descalza por el pasillo con las manos manchadas también y las llevaba levantadas como para no tocar nada. Fui detrás de ella, confuso. Por detrás parecía un felino contoneándose, un animal femenino. No sabía que pretendía. Ya en el baño me quedé detrás.
Se miró atentamente en el espejo para ver lo que le había hecho. Tenía llena la comisura de los labios, la nariz y un poco en el pelo. Se quedó observándose atentamente como buscando algo.
-Lo siento. ¿Te ha molestado?
-No. Sólo busco qué es lo que encuentras excitante de esto.

sábado, 7 de junio de 2014

LUNA por Lourdes N.J.


Dormimos aquella noche
como ángeles sobre el cielo,
nos enredamos en las sábanas
como si fueran nubes de algodón
que viajan entre las estrellas
más hermosas de la vida.
Tu ropa y la mía, jugando los dos
a nueve semanas y media
quedó tu corbata colgada
en un extremo de la luna creciente
y mis braguitas sobre su blanca curva.
Ella, presumía de virgen y coqueta.

domingo, 1 de junio de 2014

INFINITUD por Humberto G.



 

Tenía un coño muy bonito. Sé que suena brusco pero era la verdad. Ella me miró con cara de desagrado cuando se lo dije “Eso es como mínimo poco romántico” no diría yo tanto, digamos que, como me ha pasado tantas veces por ser sincero he sido brusco u obsceno, nada más.
La cosa es que ella vino a casa con una ropa que se había comprado, un vestido azul marino y me dijo que se lo iba a probar. “Para que vas a ir a cambiarte al baño si lo puedes hacer aquí en el salón”, le dije. Mi audacia consistía en aquel tiempo en hacer proposiciones que creía que no iban a resultar y lo cierto es que no recuerdo que ninguna mujer respondiera a ellas de forma negativa. Creo que siempre respondieron a ellas como a provocaciones y querían sorprenderme más de lo que yo las sorprendía a ellas. En fin que se me desvistió delante no sin antes provocar que me atragantara con el advocat que me estaba bebiendo en un vasito muy chico y muy labrado. Me miró fijamente, eso es, me miró como respondiendo al reto que ella sabía que me iba a sorprender, chulo tu, chula yo. Se me desvistió de bragas y todo porque no llevaba sujetador. Las bragas no eran necesarias para probarse el vestido pero se las quitó igualmente para superar mi chulería. No sabía donde poner el vasito labrado con el Advocaat, me creía un dandi por aquel tiempo, pero las poses se me iban un poco de las manos. Ella se mordió el labio mientras se quitaba las bragas que una vez en su mano ocuparon sorprendentemente poco espacio como si las hubiera estrujado;  de las bragas en el suelo solo quedaba a la vista la parte de paño blanca, el reforzamiento. En ese instante, infinito también, me pareció que me venía una ráfaga de olor, pero por lo que viví luego ese olor que creí oler fue simple sugestión de mi deseo. Se probó el vestido que no le quedaba nada bien “espectacular, te queda espectacular. Ya puedes quitártelo otra vez” Recé para que no quisiera proseguir la cuestión con el vestido puesto, ya que nunca me ha gustado el sexo con ropa. El desnudo es mi campo. El desnudo femenino sin aderezos, ese es el caldo de cultivo de mi deseo, ahí encuentro un campo infinito para mi libido. Se quitó el vestido por la cabeza y quedó justo ante mis ojos lo que antes dije que tenía muy bonito y que provocó mi comentario poco acertado.
-Además, los coños no son bonitos
.Te equivocas...
Así, desnuda completamente, con esos senos abarcados casi completamente por un pezón de piel recia pero con el contraste de una piel suave alrededor, con una barriga acogedora y un vello de rizo pequeño y que se difuminaba con el color de la piel, me parecía tocar a Cleopatra.
Nos estuvimos besando largo rato y no sé como acabé en el escenario como sigue: yo también desnudo, ella en la cama “estaremos más cómodos”, yo arrodillado junto a ella, el vasito con Advocaat… ¿Dónde quedó el vasito con Advocaat?...
Y al primer contacto de mi mano supe que iba a desencadenarse algo inaudito, algo nunca visto por mí y que temía fuera a sobrepasarme. El deseo, que seguía existiendo, se mezcló con una extrema curiosidad. Me coloqué como para contemplar el acontecimiento que sobrevenía porque mi mano no se movía del mismo lugar donde se colocó no recuerdo en que punto del relato. Ella parecía temblar, se retorcía desnuda en el sofá y su rostro parecía de sufrimiento,
-¿Estás bien?
Por un segundo cambió un poco el rostro para contestarme “Tu qué crees” y retomó lo que ella estaba allí sufriendo, porque no se me ocurre decirlo de otra forma: estaba sufriendo placer. Llegados a un punto, se ve que no sabría que hacer con las manos o que me coloqué de forma adecuada, que ella cogió con naturalidad mi polla y se la colocó en la boca y como un engendro carnívoro, un monstruo de carne formamos ahí un todo a la vez acostado y de rodillas moviéndose al son que ella imponía.
Ella vibraba y entonces vino el desencadenamiento sucesivo, como en una reyerta, parecía estar poseída, con un cierto halo de violencia quizá, sujetándome con la mano inerte, por donde el engendro que formamos nos unía, de sus labios se sucedieron una dos , tres suspiros sucesivos, cuatro, ¿cinco? “¿Sigo?” me dije y seguí, seis, todos seguidos pero reconocibles siete, y seguía y no sé si fue por un calambre en mi mano o por curiosidad que paré, estaba confuso, sorprendido, anonadado ante el espectáculo:
-¿Eres multiorgásmica?
Y visiblemente molesta, sorprendentemente pronto, sin recuperación alguna, esta mujer infinita, fijando sus ojos negros en los míos me contestó “¿Tu qué crees?”.
Creyendo no ser ya el mismo, perplejo, me quedé pensando cuando ella ya se hubo dormido en la mujer y en el placer, es decir, en la cualidad de lo infinito


miércoles, 28 de mayo de 2014

ANGÉLICA Y UN TAXI DE QUINCE EUROS por Wi RR



    
 ANGÉLICA
SUBE AL CIELO,
RECORTO SUS PEZONES
EN EL RAYO DE LUZ.


SATÁN
ME PONE UNA MANO EN EL HOMBRO,
ELLA BAJA
Y DEJA SU SONRISA EN MI BOCA.

VUELVE A SUBIR
Y ARROJA SUS BRAGAS
SOBRE EL GIN TONIC
Y MIS MIEDOS.

" ESTÁN LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO "
ME RECUERDA BOB,
RECORRO LAS LÍNEAS DE SUCUERPO,
TOMO UN SORBO.

EL TIEMPO
SE PARA COMO UNA TRAGEDIA,
MIENTRAS SE DESPARRAMA
SOBRE LA BARRA DEL BAR.

ME OFRECE UN BESO,
ROZO SU CUERPO.
LA POLE DANCE DESAPARECE.
ABANDONO COLORES.
COJO UN TAXI DE QUINCE EUROS.

                                                                                           

martes, 29 de abril de 2014

SILENCIO por Humberto G.



En cualquier sitio le hacía yo cosas y ella se dejaba hacer. Sabía muy dulce toda ella y desde que descubrí su punto débil, o fuerte según se mire, lo buscaba con insistencia.
Acabada de correrse se ponía pálida como si hubiera visto un fantasma, le salían ojeras y se quedaba muy seria y cansada. Sin embargo, no podía evitar buscarla en cualquier rincón para provocarle aquella petit mort que la aniquilaba. “Lo van a notar” parecía decir con sus ojos bajos, “No lo va a notar nadie, quien puede saber que te quedas así después de correrte” pensaba yo, pero ella seguía pensando que si, porque se escondía. Acostumbrada a ella misma, pensaba que a las demás les pasaría lo mismo.
Era muy alta, más alta que yo; contrastaba toda esa presencia con su fragilidad o sensibilidad clitoriniana. Buscábamos cualquier rincón del patio o del jardín, relaciono desde entonces todo aquello, la lujuria me refiero, con la frialdad de la piedra, la sombra continua, el ciprés, el olor a mermelada y ajonjolí, la pared encalada y el limonero.
Era enormemente sensible allí donde yo le echaba la mano: a la entrepierna, cada vez que nos quedábamos solos. Metía la mano por debajo de la enagua y allá que encontraba el lugar exacto; era ya puro instinto. Cuando llegaba todo el mundo ella, nerviosa, hacía como que se recomponía, yo me quedaba entonces mirándola y cuando conseguía responder a mi mirada allí que me llevaba yo los dedos a la boca o a la nariz para que viera. Ella no podía evitar sonreírse.
Sabía dulce, como la fruta y era muy suave y carnosa, me besaba entregándome sus labios que después quedaban rojos, como castigados, todo en ella, la pobre, era una señal de haber amado, y se escondía después. No sé como expresar que se me entregaba por entero, se me agarraba al cuello me besaba con toda la boca y yo metía la mano por debajo de la falda y moldeaba aquel lugar con mi dedo corazón.
Todo calladitos, siempre en silencio y siempre escondidos porque nunca, nunca jamás la vi romper su voto de silencio.

viernes, 25 de abril de 2014

LOS BAÑOS DE POMPEIA por Wi RR



          
             Acababa de llegar a casa, solté la maleta y directamente me metí en la ducha, necesitaba un poco de relax, un tema de George Harrison que estaba emitiendo Radio 3 contribuía a distanciarme de de los canales  y de Marisa, de esa historia tan cruenta y jodida que trae consigo, el marido la trae loca, bueno es más bien la imaginación de ella, pone en el otro la forma de comportamiento que le gustaría que tuviera, al final termina deprimida. Está contratando a un sicario, un asunto turbio e incómodo para mí, ayudar esta amiga, joder !!!,
... pasa Alberto vuelve a George y al placer del agua, - Úhfff. !.-
                 Me sequé rápidamente pensando en una buena cerveza en el centro de la ciudad. Me acerqué a la Relojería, instintivamente. La puerta estaba entreabierta, un abrazo con dos besos interrumpen mis pensamientos.
- Hola Alberto cómo estás, dónde andas?- sin darme cuenta, desvío la mirada a una lata de zanahorias ralladas y me quedo sin saber que decir. Una voz, por detrás cambia la escena y preguntan si arreglan relojes; un hombre de unos ochenta años de aspecto muy agradable nos hace sonreír, - no caballero, la relojería hace tiempo que está cerrada, esto es una Abacería - le recrimina la mujer detrás de la barra.
Le devuelvo la mirada, y me decido por una cerveza, tomo un sorbo del botellín y la miro fijamente a  los ojos, ella se da la vuelta y prepara algo que no alcanzo a distinguir.
Pienso en Marisa y en Julia, sólo han pasado tres días pero parecen horas, incluso minutos, confundo los peces de la espalda con las direcciones que le he dado a Marisa en Ámsterdam, tuve que dejarla porque ya no podía arreglar más nada, ahora la solución con su marido la tiene ella.
- Qué tal en Ámsterdam Alberto -
- Bien!, he escuchado buena música y resuelto un asunto con Marisa.-
- Todavía sigues con ello?, tío de ahí tienes que salir, no te metas en más líos, vas a terminar jodido!.  Apártate que el asunto es muy turbio, anda dame un besito y quita  ya esa cara ! -
Me acerco a Asun y mientras la beso en la mejilla todo se me hace un mundo, de nuevo los besos de Julia, los excesos de Marisa, siento mi cabeza demasiado embotada, abrazado a ella, dejo pasar el tiempo, el sonido de la reja de la puerta al abrirse nos hace volver la mirada.
- Qué bien os veo, tengo un hambre, dame un vino! - la voz desde la calle de Alegría me enturbia  y la recibo con un efusivo abrazo, es una buena fotógrafa, un tanto particular con las azoteas, allá cada cual.
El bar, tremendamente, vacío nos hace hablar de intimidades, desde montar una tiendecita de Flores en la Plaza del Pan hasta una noche de sexo,... como es lógico también, un repaso a alguno que otro; yo agradezco que la profunda voz retumbante de un parroquiano habitual, no se encuentre en estos momentos sobre mis espaldas.
Al cabo de unos minutos Asun, cada uno que pasa más bella, decide cerrar y propone un café en otro lugar donde haya un poco de sol, aceptamos ambos y nos acercamos a un lugar cercano el Hotel-Cafetería Pompeia. Una mesa llena de sol nos dió la bienvenida, el resto entre risas se hizo más entretenido, en algún momento  me levanto con una excusa, cruzo el hall del hotel y un baño extremadamente limpio, al cual no estoy acostumbrado en esta ciudad, me da
 la bienvenida; al terminar y abrir la puerta observo en una pequeña pizarra" limpieza efectuada por SUSY a las 16.30 h.", me llama la tanto la atención  que
 se lo comento a ellas.
- Chicas Susy ha limpiado el baño a las 16y30, que buena es, da gusto
 entrar ! - comento retirando el asiento y volviendo a él.
- ¿ Que dices?- pregunta Alegría .
 - Está claro que la limpiadora ha dejado el WC. perfecto - comenta Asun; con una sonrisa los tres brindamos con la copa que teníamos.
La tarde cae con un aire fresco, ello me hace ir de nuevo al baño al cabo de varios minutos. Abro la puerta del servicio e instintivamente giro la cabeza para ver otra vez su nombre, el asombro me hizo cambiar el pensamiento de mear, un pequeño sujetador con un pequeño filo de rosas me deja boquiabierto, lo cojo con  una mano y lo levanto delante de mí, el espacio era tan pequeño que todo el allure de Susy estaba concentrado en mi boca.
En ese mismo instante se abre la puerta y una mujer o niña con una mirada dulceagresiva me inquiere - qué haces con mi sujetador en tus manos-, yo  lívido sólo acerté a responder - estaba colgado detrás de la puerta,
yo que sé -, - Anda dame - me contestó con suavidad, dándose cuenta lo incómodo que me encontraba, - me estaba cambiando porque ya he terminado y el baño de mujeres lleva dos horas ocupado - alargando la mano me quita del sujetador de las mías con un sonrisa - Gracias.-, con ello cierra la puerta, su sonido me recuerda a la erupción del 24 de agosto del año 79 dc., me vuelvo totalmente aturdido y decido pedir un café en el bar del hall y no salir hasta no encontrarme algo más relajado.
Apoyado sobre la barra del bar sigo pensando en ella, en el sujetador y en esa situación tan ridícula de la que no supe escapar; la mirada en el borde de la taza, una voz acompañada de un perfume reciente y turbador interrumpe el sorbo.
 - Ramón pon un chupito de güisqui que ya he terminado por hoy - vuelvo la mirada y agradablemente sorprendido le regalo una sonrisa, - Hola - devolviéndomela y atrevidamente apoyando su mano en mi hombro -Oye, perdona la culpa fue mía, lo siento -, se retira un par de asientos y bebe de la copa delicadamente.
- Señor, me pone otro igual a mí - dirigiéndome al camarero y mirándola hago el ademán de acercarme a ella, - Siéntate aquí, yo no quería estorbar, me llamo Susy -, - Yo Alberto - omitiendo que ya sabía su nombre y acercándome a ella su olor me envuelve.
- Me ha encantado conocernos en esta circunstancia, no me imaginaba
esta situación,... qué bebes? -
  -  Yo un Dyc, siempre ocho años, es magnífico para mi cuore -.  Mi mirada se dirigía hacia sus clavículas profundas y hacia sus ojos amarillos donde me  relajaba. Pensé en todos los sentidos de una crónica de muerte anunciada. Ella daba un trago pequeño y los labios se pronunciaban. Tuve un pensamiento que ejecuté y fue el futuro de la tragedia.
- Tu olor, me mata -..
- Cómo dices? -    
- Sí, tenía tu sujetador en mis manos, y estaba embriagado, ahora mirándote los labios todo me parece irreal, aunque estés delante de mí, todo es más
raro, no me hagas caso!  -. Me quería correr en todo su cuerpo.
- No te entiendo, da igual -
Ella me miraba con la misma sonrisa, que interrumpo para salir de la situación.
- A que te dedicas? -
- Joder!, soy limpiadora de Wc, fácil,...
y tengo que pagar mi estudio y los estudios de arquitectura, quieres una copa más en desagravio? -
Aún atónito asentí.  - Pero invito yo -  
- Lo siento pero no -. Me pone la mano en la mía, y ajustándose la tiranta del sujetador, vuelve a chocar la  copa conmigo.
Sin soltarla de mano, me atrevo a aceptar la copa.
Sólo algunos minutos o horas después me di cuenta de la posibilidad de amar,
ya no me acordaba de Holanda, de la espalda de la otra, pensé en Asun y en Alegría que estaban en la calle sentadas en un mesa. Salí rápidamente,  sólo
encontré los restos de los vasos, despedida a la francesa, que agradezco.
- Perdona, Susy iba a ver una mesa, una copa que tenía en la calle, voy pagar,
quieres algo más,... mejor vamos a otro lado? -
- Bien tú sabrás donde me llevas?-
- Qué le debo -­ . El camarero fuera de juego, - está todo pagado! -
A veinte metros del hotel, estábamos besándonos apasionadamente contra un platanero, mis manos ya tenían las tetas que tanto ansiaban, ese leve sujetador  
me excitaba todavía más, su saliva estaba en mi boca y yo le pasaba la mía,
bajé una mano hacia sus bragas y acariciaba su coño húmedo, eran las nueve de la noche y no había demasiada oscuridad, aún así la vergüenza la había perdido como en tantas ocasiones.
Varias horas después desperté, no se muy bien donde, la cama no era la mía y no estaba con mi ventana y la torre Pelli al fondo con sus balizas intermitentes, al cambio, muy cerca de mis pies había un sujetador con un pequeño filo de rosas.
Su pelo estaba sobre mi cara, eso sería lo que me despertó, me abrazaba la espalda y giré suavemente para no despertarla.
- Amor, cariño,¿ estás bien ? - Suavemente me repasaba la espalda.
Hacía tiempo que no me trataban con tanta delicadeza, ahora recuerdo que al entrar en este lugar me digo  A partir de ahora soy tuya, puedes hacer conmigo lo que te dé la gana, sólo recuerdos sus besos.
- Estoy en el cielo y tu cariño?,anda duerme- mientras le beso uno de sus pezones.
- Alberto estoy pensando que soy muy jovencita para ti -
 - Amor, tú que edad tienes? -
- veintiocho -
- Perfecto, veintiocho tú y veintiocho yo, la edad perfecta, cincuentayseis
que yo tengo. - Era una suma aristotélica y un poco de cabeza.
Me abraza fuertemente y me clava las uñas en la espalda mientras noto que su lengua invade mi garganta, su sudor se acrecienta y lo recibo en mi pecho. Le
muerdo los labios mientras gime y seco todo ese río con mi boca.
Sus tetas pequeñas, pero perfectas me dan todo el placer que necesito,
me pregunta si me gusta su cuerpo, mientras se corre en mi boca y luego la beso.
Eran las dos de la tarde del día siguiente, ella suspiraba en mis brazos, ya no puedo más me decía,... la tarde nos invitaba a un zumo y una copa de cava que
no recuerdo de donde salieron ,era la primera noche.
             Pasaron tres semanas.   Estaba en el bar con Asun , había comido en casa, y disfrutaba de un gintónic japonés, la Larios la ha comprado Sunsury, una empresa japonesa, no me lo podía creer pero ella con la misma sonrisa estaba allí, omnipresente como siempre. - Hola Alberto te echaba
de menos -. La abracé, y con un beso largo hasta la interrupción de sus dedos en mi boca , la volví a ver por segunda vez, las manos se me fueron hacia su pecho, reconocía su saliva.
Transcurrieron  los días, los meses, no sé donde quedábamos para amarnos, yo contaba los días, no perdón !, las noches: conté veintidos noches, quizás demasiadas.
Estaba en casa eran las cincoyveinte de la tarde, el sol acuciaba a la torre Pelli, el agua de  la fuente de mi terraza, y la música de Jimmie Vaugan me trasportaban a otros efectos.
Hice números veintidos, más una del primer día en que conocí ese bendito sujetador en los baños de Pompeia son mil noches, una suma un tanto extraña
pero apetecible.
Necesitaba una cerveza fuera de casa.
Cogí el ascensor, un taxi y crucé dos calles, las precisas, trescincuenta, tarifa mínima, el Hotel Pompeia estaba delante, yo quería agasajarla con las Milyunanoches, entré por segunda vez en ese lugar, me dirigí a la cafetería.
- Buenas tardes me pone un Dyc ocho años !
- Ahora mismo. Qué tal amigo? -
Hice caso omiso.
Después de dos tragos, me entraron ganas de mear.
- Perdón no me retire la copa, voy al baño. -
Cruzo el hall, cojo el pasillo, y llego al él.
Con la mano en el pomo de la puerta que se abre, veo a Susy con un sujetador en la mano y un tío con chaquetaycorbata que sale detrás de ella.
Una mirada entre los dos y una sonrisa fue suficiente para ambos, mientras yo abría la puerta del baño ella desaparecía, para siempre, acompañada de la luz de la calle que entraba a rudales por los ventanales del hall.
Comprendí que perdiendo en la vida, he ganado.
En mi cabeza chispeaban las notas de My Sweet Lord, apuré el güisqui y nunca más regresé a Pompeia.