lunes, 4 de enero de 2016

MALENTENDIDO por Mery Cansino


Siempre sucede lo mismo cuando llega su compañera de oficina. A buena cara, mal humor. Llega con el rostro distendido, sin ojeras, con un maquillaje que no necesita porque su cutis no lleva los restos del sueño. El cuerpo relajado y los muslos recortados por el short. Cruzados y poderosos como templarios. Y las malas pulgas en cada respuesta. Sin embargo, cuando las ojeras denotan la falta de sueño, cuando todo indica que no ha dormido nada, el buen humor se le sube a las nubes de la cordialidad y del buen trato. Su compañero no se lo explica. Su compañero de despacho todavía no se ha enterado. Quien mucho duerme, poco aprieta. Su compañero no se entera de nada...