sábado, 17 de marzo de 2012

YO Y MISS CIRCUNSTANCIAS por Alejandro Lérida

Generalmente, el sol como un ladrón robándome la oscuridad, que me abandona por negocios urgentes, robándome las sombras, sus caricias, cada una, ni una menos, con sus ingenuas uñas, pero anoche mucho más voluntariosas, el último día, el fin del puente de Todos los Santos, había aprendido a amarte un año antes, y la sombra resucitando en plena noche, con orgullo y gratitud, me hablan en su nombre, se me dan sin condiciones, me arañan sin disputa, sin disputarle a mi propia mano, por ejemplo, el amor y la fidelidad que me profeso virilmente, mientras que ellas, que son dos y luego cinco, y ahora más, y todas afiladas y más tiernas que afiladas y eso me gusta, porque no saben cómo me gustan, ignoran cuánto bien me hacen aunque me hieran muchas veces, con perdón mi papi, con perdón mi negro, no es nada mi mulata, y yo que les perdono una a una la nostalgia con que me lo reclaman sin tregua, virilmente, porque ella en la sombra, ella en la oscuridad, es como una segunda patria, la noche, sí, esa otra patria, nada que ver con la luz de la patria, el claro día, no tan claro ahora, ay, y no es, sin embargo, una segunda patria sino otra patria distinta y tropical, con más sombras, menos luces, aunque más verdadera que el mismísimo sol y la luna menos mentirosa cayendo sobre el Trópico, como una epidemia de deseos, y ya me dirán cómo se combate eso, no se puede, no debe hacerlo nadie, te juzgan mal y sufres por eso, eres de nieve por fuera y de fuego por dentro, quien te toca se hiela mientras tú te abrasas, no sabes querer y estás queriendo siempre, no sabes vivir y estás tan viva, tu sitio no está en ninguna parte, siempre desearás un lugar diferente, porque en realidad, mi negra, no sois mujeres, parecéis mujeres y no sois, mi mami, habláis como mujeres por la noche, podéis actuar como mujeres en la sombra, pero sois de hecho seres completamente diferentes, como demonios hermosos con forma humana, y por eso tenéis garras y no uñas y las cabezas peladas y las narices extrañas y los ojos más bellos que yo he visto, aunque sin vida, y por eso y no otra cosa disimuláis lo mejor que podéis delante del resto de las gentes, y abro mis ojos y no la veo, encierro mis pupilas bajo llaves y allí está, por derecho divino, qué sé yo, y no logro comprender si los abro de nuevo por qué sus ojos de estatua no tienen vida, y cierro sus manos gozosamente, vuelvo a abrirlas, me dejo interesar lentamente por el dibujo a oscuras del pecho apoderado, de su pezón izquierdo y discutido por el pulgar y el índice, y vuelve a sus oscuros labios mi dedo corazón y se humedece el alma si la muerde, y toda el alma, así, en un solo dedo, tan despacio, sí, sabe a sangre su boca si la beso oscuramente, así, de esta manera, sí, con la tranquilidad de mi lengua arrellanada en su confortable lengua, como el sillón favorito, a espaldas del orgasmo todavía, que la hubiera molestado como una irritante intrusión, sumisa e irresistible, así mi negro, así mi papi, deja que mi zurda enloquecida, enloquecedora, acaricie una y otra vez su púbico y negro terciopelo, oh Dios, hasta que la penetro, oh Dios, Dios mío, en la última página de todos los gemidos uno a uno y me la gano en seguida y goza del placer casi perverso de irse desgastando muerdo a muerdo como un plástico duro que ahora me rodea con sus brazos, y mi memoria retiene sin esfuerzo aquel nombre y el sol como un intruso robándome la oscuridad, robándome a Elena sobre todo…

A la mañana siguiente el sol, sentado en la silla presidencial del día, obliga a la noche a retirarse, humillada, pese a su coraza de condecoraciones. Se desperezan las persianas de la isla. Y así, algo más tarde, tras el larguísimo puente de Todos los Santos, porque la vida hoy es mucho más corta, reabro el sueño de mi vida, mi negocio, mi pequeña boutique de moda, Cae la Noche Tropical, y como cada mañana la devuelvo a su sitio en el escaparate. Y si alguno, sí, no ha visto el Nilo, puede ahorrarse el viaje. Lo lleva inmenso en sus ojos.

—Mami, mira, el maniquí tiene una herida en la boca. Y se le está infectando.