viernes, 25 de abril de 2014

LOS BAÑOS DE POMPEIA por Wi RR



          
             Acababa de llegar a casa, solté la maleta y directamente me metí en la ducha, necesitaba un poco de relax, un tema de George Harrison que estaba emitiendo Radio 3 contribuía a distanciarme de de los canales  y de Marisa, de esa historia tan cruenta y jodida que trae consigo, el marido la trae loca, bueno es más bien la imaginación de ella, pone en el otro la forma de comportamiento que le gustaría que tuviera, al final termina deprimida. Está contratando a un sicario, un asunto turbio e incómodo para mí, ayudar esta amiga, joder !!!,
... pasa Alberto vuelve a George y al placer del agua, - Úhfff. !.-
                 Me sequé rápidamente pensando en una buena cerveza en el centro de la ciudad. Me acerqué a la Relojería, instintivamente. La puerta estaba entreabierta, un abrazo con dos besos interrumpen mis pensamientos.
- Hola Alberto cómo estás, dónde andas?- sin darme cuenta, desvío la mirada a una lata de zanahorias ralladas y me quedo sin saber que decir. Una voz, por detrás cambia la escena y preguntan si arreglan relojes; un hombre de unos ochenta años de aspecto muy agradable nos hace sonreír, - no caballero, la relojería hace tiempo que está cerrada, esto es una Abacería - le recrimina la mujer detrás de la barra.
Le devuelvo la mirada, y me decido por una cerveza, tomo un sorbo del botellín y la miro fijamente a  los ojos, ella se da la vuelta y prepara algo que no alcanzo a distinguir.
Pienso en Marisa y en Julia, sólo han pasado tres días pero parecen horas, incluso minutos, confundo los peces de la espalda con las direcciones que le he dado a Marisa en Ámsterdam, tuve que dejarla porque ya no podía arreglar más nada, ahora la solución con su marido la tiene ella.
- Qué tal en Ámsterdam Alberto -
- Bien!, he escuchado buena música y resuelto un asunto con Marisa.-
- Todavía sigues con ello?, tío de ahí tienes que salir, no te metas en más líos, vas a terminar jodido!.  Apártate que el asunto es muy turbio, anda dame un besito y quita  ya esa cara ! -
Me acerco a Asun y mientras la beso en la mejilla todo se me hace un mundo, de nuevo los besos de Julia, los excesos de Marisa, siento mi cabeza demasiado embotada, abrazado a ella, dejo pasar el tiempo, el sonido de la reja de la puerta al abrirse nos hace volver la mirada.
- Qué bien os veo, tengo un hambre, dame un vino! - la voz desde la calle de Alegría me enturbia  y la recibo con un efusivo abrazo, es una buena fotógrafa, un tanto particular con las azoteas, allá cada cual.
El bar, tremendamente, vacío nos hace hablar de intimidades, desde montar una tiendecita de Flores en la Plaza del Pan hasta una noche de sexo,... como es lógico también, un repaso a alguno que otro; yo agradezco que la profunda voz retumbante de un parroquiano habitual, no se encuentre en estos momentos sobre mis espaldas.
Al cabo de unos minutos Asun, cada uno que pasa más bella, decide cerrar y propone un café en otro lugar donde haya un poco de sol, aceptamos ambos y nos acercamos a un lugar cercano el Hotel-Cafetería Pompeia. Una mesa llena de sol nos dió la bienvenida, el resto entre risas se hizo más entretenido, en algún momento  me levanto con una excusa, cruzo el hall del hotel y un baño extremadamente limpio, al cual no estoy acostumbrado en esta ciudad, me da
 la bienvenida; al terminar y abrir la puerta observo en una pequeña pizarra" limpieza efectuada por SUSY a las 16.30 h.", me llama la tanto la atención  que
 se lo comento a ellas.
- Chicas Susy ha limpiado el baño a las 16y30, que buena es, da gusto
 entrar ! - comento retirando el asiento y volviendo a él.
- ¿ Que dices?- pregunta Alegría .
 - Está claro que la limpiadora ha dejado el WC. perfecto - comenta Asun; con una sonrisa los tres brindamos con la copa que teníamos.
La tarde cae con un aire fresco, ello me hace ir de nuevo al baño al cabo de varios minutos. Abro la puerta del servicio e instintivamente giro la cabeza para ver otra vez su nombre, el asombro me hizo cambiar el pensamiento de mear, un pequeño sujetador con un pequeño filo de rosas me deja boquiabierto, lo cojo con  una mano y lo levanto delante de mí, el espacio era tan pequeño que todo el allure de Susy estaba concentrado en mi boca.
En ese mismo instante se abre la puerta y una mujer o niña con una mirada dulceagresiva me inquiere - qué haces con mi sujetador en tus manos-, yo  lívido sólo acerté a responder - estaba colgado detrás de la puerta,
yo que sé -, - Anda dame - me contestó con suavidad, dándose cuenta lo incómodo que me encontraba, - me estaba cambiando porque ya he terminado y el baño de mujeres lleva dos horas ocupado - alargando la mano me quita del sujetador de las mías con un sonrisa - Gracias.-, con ello cierra la puerta, su sonido me recuerda a la erupción del 24 de agosto del año 79 dc., me vuelvo totalmente aturdido y decido pedir un café en el bar del hall y no salir hasta no encontrarme algo más relajado.
Apoyado sobre la barra del bar sigo pensando en ella, en el sujetador y en esa situación tan ridícula de la que no supe escapar; la mirada en el borde de la taza, una voz acompañada de un perfume reciente y turbador interrumpe el sorbo.
 - Ramón pon un chupito de güisqui que ya he terminado por hoy - vuelvo la mirada y agradablemente sorprendido le regalo una sonrisa, - Hola - devolviéndomela y atrevidamente apoyando su mano en mi hombro -Oye, perdona la culpa fue mía, lo siento -, se retira un par de asientos y bebe de la copa delicadamente.
- Señor, me pone otro igual a mí - dirigiéndome al camarero y mirándola hago el ademán de acercarme a ella, - Siéntate aquí, yo no quería estorbar, me llamo Susy -, - Yo Alberto - omitiendo que ya sabía su nombre y acercándome a ella su olor me envuelve.
- Me ha encantado conocernos en esta circunstancia, no me imaginaba
esta situación,... qué bebes? -
  -  Yo un Dyc, siempre ocho años, es magnífico para mi cuore -.  Mi mirada se dirigía hacia sus clavículas profundas y hacia sus ojos amarillos donde me  relajaba. Pensé en todos los sentidos de una crónica de muerte anunciada. Ella daba un trago pequeño y los labios se pronunciaban. Tuve un pensamiento que ejecuté y fue el futuro de la tragedia.
- Tu olor, me mata -..
- Cómo dices? -    
- Sí, tenía tu sujetador en mis manos, y estaba embriagado, ahora mirándote los labios todo me parece irreal, aunque estés delante de mí, todo es más
raro, no me hagas caso!  -. Me quería correr en todo su cuerpo.
- No te entiendo, da igual -
Ella me miraba con la misma sonrisa, que interrumpo para salir de la situación.
- A que te dedicas? -
- Joder!, soy limpiadora de Wc, fácil,...
y tengo que pagar mi estudio y los estudios de arquitectura, quieres una copa más en desagravio? -
Aún atónito asentí.  - Pero invito yo -  
- Lo siento pero no -. Me pone la mano en la mía, y ajustándose la tiranta del sujetador, vuelve a chocar la  copa conmigo.
Sin soltarla de mano, me atrevo a aceptar la copa.
Sólo algunos minutos o horas después me di cuenta de la posibilidad de amar,
ya no me acordaba de Holanda, de la espalda de la otra, pensé en Asun y en Alegría que estaban en la calle sentadas en un mesa. Salí rápidamente,  sólo
encontré los restos de los vasos, despedida a la francesa, que agradezco.
- Perdona, Susy iba a ver una mesa, una copa que tenía en la calle, voy pagar,
quieres algo más,... mejor vamos a otro lado? -
- Bien tú sabrás donde me llevas?-
- Qué le debo -­ . El camarero fuera de juego, - está todo pagado! -
A veinte metros del hotel, estábamos besándonos apasionadamente contra un platanero, mis manos ya tenían las tetas que tanto ansiaban, ese leve sujetador  
me excitaba todavía más, su saliva estaba en mi boca y yo le pasaba la mía,
bajé una mano hacia sus bragas y acariciaba su coño húmedo, eran las nueve de la noche y no había demasiada oscuridad, aún así la vergüenza la había perdido como en tantas ocasiones.
Varias horas después desperté, no se muy bien donde, la cama no era la mía y no estaba con mi ventana y la torre Pelli al fondo con sus balizas intermitentes, al cambio, muy cerca de mis pies había un sujetador con un pequeño filo de rosas.
Su pelo estaba sobre mi cara, eso sería lo que me despertó, me abrazaba la espalda y giré suavemente para no despertarla.
- Amor, cariño,¿ estás bien ? - Suavemente me repasaba la espalda.
Hacía tiempo que no me trataban con tanta delicadeza, ahora recuerdo que al entrar en este lugar me digo  A partir de ahora soy tuya, puedes hacer conmigo lo que te dé la gana, sólo recuerdos sus besos.
- Estoy en el cielo y tu cariño?,anda duerme- mientras le beso uno de sus pezones.
- Alberto estoy pensando que soy muy jovencita para ti -
 - Amor, tú que edad tienes? -
- veintiocho -
- Perfecto, veintiocho tú y veintiocho yo, la edad perfecta, cincuentayseis
que yo tengo. - Era una suma aristotélica y un poco de cabeza.
Me abraza fuertemente y me clava las uñas en la espalda mientras noto que su lengua invade mi garganta, su sudor se acrecienta y lo recibo en mi pecho. Le
muerdo los labios mientras gime y seco todo ese río con mi boca.
Sus tetas pequeñas, pero perfectas me dan todo el placer que necesito,
me pregunta si me gusta su cuerpo, mientras se corre en mi boca y luego la beso.
Eran las dos de la tarde del día siguiente, ella suspiraba en mis brazos, ya no puedo más me decía,... la tarde nos invitaba a un zumo y una copa de cava que
no recuerdo de donde salieron ,era la primera noche.
             Pasaron tres semanas.   Estaba en el bar con Asun , había comido en casa, y disfrutaba de un gintónic japonés, la Larios la ha comprado Sunsury, una empresa japonesa, no me lo podía creer pero ella con la misma sonrisa estaba allí, omnipresente como siempre. - Hola Alberto te echaba
de menos -. La abracé, y con un beso largo hasta la interrupción de sus dedos en mi boca , la volví a ver por segunda vez, las manos se me fueron hacia su pecho, reconocía su saliva.
Transcurrieron  los días, los meses, no sé donde quedábamos para amarnos, yo contaba los días, no perdón !, las noches: conté veintidos noches, quizás demasiadas.
Estaba en casa eran las cincoyveinte de la tarde, el sol acuciaba a la torre Pelli, el agua de  la fuente de mi terraza, y la música de Jimmie Vaugan me trasportaban a otros efectos.
Hice números veintidos, más una del primer día en que conocí ese bendito sujetador en los baños de Pompeia son mil noches, una suma un tanto extraña
pero apetecible.
Necesitaba una cerveza fuera de casa.
Cogí el ascensor, un taxi y crucé dos calles, las precisas, trescincuenta, tarifa mínima, el Hotel Pompeia estaba delante, yo quería agasajarla con las Milyunanoches, entré por segunda vez en ese lugar, me dirigí a la cafetería.
- Buenas tardes me pone un Dyc ocho años !
- Ahora mismo. Qué tal amigo? -
Hice caso omiso.
Después de dos tragos, me entraron ganas de mear.
- Perdón no me retire la copa, voy al baño. -
Cruzo el hall, cojo el pasillo, y llego al él.
Con la mano en el pomo de la puerta que se abre, veo a Susy con un sujetador en la mano y un tío con chaquetaycorbata que sale detrás de ella.
Una mirada entre los dos y una sonrisa fue suficiente para ambos, mientras yo abría la puerta del baño ella desaparecía, para siempre, acompañada de la luz de la calle que entraba a rudales por los ventanales del hall.
Comprendí que perdiendo en la vida, he ganado.
En mi cabeza chispeaban las notas de My Sweet Lord, apuré el güisqui y nunca más regresé a Pompeia.