viernes, 21 de junio de 2013

TUTORÍA

Nunca pensé que una cita tan rutinaria podría abrir tanto el campo de mis emociones. Tutoría inicial de un fin curso que empieza a prometer. Llego a clase y me recibe una tutora a la que creo reconocer. Mi memoria inicia el proceso de búsqueda. Con formas de estudiante aplicada, más que de profesora, me ofrece el asiento. Así se lo ofrecían en el vídeo que recuerdo, no me cabe duda. Comienza a hablarme del proceso de enseñanza y aprendizaje de mi hijo. Comienzo a recordar su diálogo en aquel sofá de piel frente a la cámara. Ahora habla sin parar. Entonces parecía guardar cierta timidez cuando el entrevistador le hablaba de un desnudo integral, de una felación o de un anal. A sus indicaciones respondo con un asentimiento ensimismado. También asentía ella a su entrevistador cuando le preguntaba por su disposición. Dispuesta a todo, le dijo mientras comenzaba a desnudarse. Describe sin prisas las actividades diarias de la enseñanza. No parecía tener prisas cuando se quitó el sujetador negro de encaje y el minúsculo tanga que ocultaba una pequeña flor tatuada y la ausencia total de vello púbico. Lo intuyo bajo su actual falda de aburridos cuadros azules. No parecía aburrirse cuando introducía una y otra vez en su boca el enorme miembro del entrevistador. A mí no parece entrevistarme, esto es un monólogo en la que sólo habla ella con términos técnicos y políticamente correctos. En el vídeo sus palabras nadaban entre monosílabos e interjecciones entrecortadas. Adaptación curricular, diversidad, aprendizaje, necesidad educativa especial. Entonces abundaban los imperativos: fóllame más, así perro, quiero más, métemela toda...Creo poner cara de distraído cuando me lanza un listado de obligaciones que, como buen padre, debería cumplir. Ella ponía cara de ausente cuando el entrevistador del casting lanzaba contra ella el fruto de la máxima satisfacción. Intuyendo la flor tatuada que se asoma por su cintura y el minimalismo del tanga que parece pedir conversaciones de paz, me dirige una mirada propia del afortunado entrevistador del vídeo. Creo que no he entendido bien la pregunta aunque no he tenido duda alguna en mi respuesta:
Dispuesto a todo, señorita, dispuesto a todo...