martes, 21 de enero de 2014

COMIDA por Assumpta



- No quiero que hagas nada, le digo.
No hace falta; que se relaje, que me deje hacer a mí. Desobedece besándome como solo él sabe. Su lengua se desplaza por mi boca inundándola de una saliva fresca que me sosiega, preparando mi paladar para lo mucho y bueno que me queda aún por saborear.
Mientras abro su camisa, el aroma que su cuerpo desprende enloquece mis sentidos... me puede. Le muerdo el cuello, empezando a notar la sal de esa piel que ya suda inquieta por lo que está por venir. Mi lengua sigue su camino, repaso sus pezones después de besar su pecho, cree que voy a seguir descendiendo pero me desvío del camino mientras nos vamos quitando la ropa. Me acerco hacia su axila, lo desconcierto pero me deja hacer. Beso, huelo, me voy lejos... Huele a tierra mojada, a bosque fresco, a torrente de agua... serán las feromonas o yo qué sé. Huele a hombre puro y duro.
Me acaricia la cara mirándome fijamente. Enfocada por sus grandes ojos tiemblo, muerdo la mano que me dará de comer y comienzo a chupar desde el pulgar hasta su meñique de manera un tanto ordinaria. Truco fácil para disimular que no puedo aguantarle la mirada. En sus dedos queda el rastro salobre, húmedo aún, de sus incursiones en mi sexo. Se muerde los labios al ver que lo paladeo con picardía. Le desabrocho ilusionada el pantalón como quien desenvuelve un regalo, mi regalo. Entonces él se deja hacer… para eso ha venido, es lo que espera, lo que desea, lo que le gusta.
Empiezo dando besos muy cortos, mientras con mi mano voy tomando posesión de tan deseado presente.  Me la refriego por la cara como un dulce látigo que más que dañar me trastorna. Ni él ni yo podemos aguantar más. Hundo la cabeza en su vientre, mi boca lo abarca todo mientras sus manos aprietan mi nuca. El poco espacio del que dispongo no impide que mi lengua se mueva y que apriete mis labios con un falso mordisco. Gime débilmente pero yo sé que le encanta.
Intenta contenerse, parar… no lo dejo. Yo sigo a lo mío. Me aparta el pelo de la cara para verme bien. Mi adorado hombre depende ahora de mi habilidad final. Siento los latidos acelerados de su corazón en mi garganta. La desconfiguración de su rostro y su sonrisa lo delatan, aunque yo ya saboreo la prueba concluyente de su gozo.

7 comentarios:

Dyhego dijo...

Buena lectura...

L. N.J. dijo...

Diego ¿te has fijado qué mira el hombre?

Dyhego dijo...

Lourdes:
¡No tengo ni idea!
La foto es un tanto extraña porque los elementos de la foto no tienen ninguna relación entre ellos. Quizás sea lo que pretende el fotógrafo, que nos extrañemos porque todo es extraño y no obedece a ninguna lógica.
¿Qué hace un señor leyendo un periódico en un momento tan inequívoco? ¿Por qué no se quita las gafas? ¡No tiene cara de disfrutar cuando se supone que está a punto de llegar al clímax! Mira a su izquierda cuando lo que hay en esa izquierda se refleja en el espejo de la derecha, porque tiene toda la pinta de ser un espejo y no un cuadro ya que se ve el hierro de la cama. En el espejo aparece una señora en idéntica postura pero le salen unas piernas de la espalda como si fueran alas de mariposa. Todo muy extraño.
No tengo ni idea de qué puede estar mirando porque tampoco parece lógico que hay otra pareja que disfruta de lo mismo.
Quizás sea una de esas fotos que te impactan pero no se puede ir más allá.
Siento no poder contestar a tu pregunta, Lourdes, aunque me he enrollado intentándolo.
:)

L. N.J. dijo...

Gracias Diego por contestar, el espejo es para nosotros, los que vemos la fotografía.

No te enrollas, tranquilo.

Anónimo dijo...

Lo mejor es el relato no la foto.
Genial!!!!!

L. N.J. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
L. N.J. dijo...

Anónima, leo y me fijo en todos los detalles. Incluida la fotografía.

Saludos