domingo, 19 de diciembre de 2010

Baldomero


Cuentan las lenguas antiguas que en el antiguo café París, en pleno centro de Sevilla, existía un retrato de don Baldomero Espartero, singular torero sevillano ante el cual descubrían su cabeza todos los caballeros de la ciudad en señal de respeto. Cuentan las lenguas modernas que Baldomero Chico, descendiente del legendario matador, mantuvo la torería de la saga en el plante, la planta, las maneras, las formas y la forma de entenderlas corridas. Cuentan las lenguas bien informadas que el joven Baldomero, en simbiosis léxica toro-torero, tenía cuerpo jabonero en el color de su piel, con cualidades botineras por la negrura de una de sus extremidades, siendo boyante por la excelentes condiciones que presentaba para la faena y gran hacedor de corniveletos tras su actuaciones. Cuenta la tradición que era ídem el paseíllo que le organizaba su cuadrilla en época prenavideña, una bautizada “operación polvorón” en la que maestro, mozos y hasta utilleros que pasaban por la zona elegían el más selecto de los ruedos para dar cumplida cuenta de las cualidades del espada y de sus ayudantes. Cuenta la legua más experimentada del local que recibió a puerta gayola a unos de los mozos encargado de comunicar a tan distinguida dama las expectativas de metisaca, de pinchazos y hasta de grandes estocadas. Un barbeo de contacto en el que no falto el babeo. Para ello, cuentan lenguas anónimas, dirigióse a la vieja fulana bajo los neones circulares y brindó en la noche pidiendo un distinguido y considerado público para el próximo embroque:

- “Dice el maestro que vaya usted llenando el jacuzzi de putas hasta que rebose...”.

La suerte estaba echada. Cuentan las experimentadas y exóticas lenguas del lugar que sus cuerpos desnudos llegaron a sentirse aprisionados en chiqueros de tercera, sensación que desapareció ante la ceremonia de la retirada de ropa del bravío espada: su fama quedaba corta, aquello nada tenía de chicuelina, era un estoque que apuntaba a los más altos triunfos y su carga no era ni a derecha, ni a izquierda, sino a los cuatro puntos cardinales. Toro en cacharrería. Cabeceando y apuntando bien alto. Sin muchos preámbulos, entró en faena. Cuentan las lenguas sabedoras que hubo primeros adornos de molinetes y de verónicas, tanteos, chupadas del natural y hasta lamidas de empitonados pechos. 6 hembras, 6. Y hasta una sobrera que pasaba por allí. Todas fueron lidiadas y todas llegaron a la suerte final: unas cuentan que recibieron media estocada, otras pinchazos hondos; las más, estocadas enteras y, aunque todas alardearon de haber recibido estocada delantera, hubo quien confesó haberla recibido trasera, alguna algo pasada e incluso alguna pescuecera... Cuentan las lenguas del lugar que el triunfo del maestro aquella noche pasó a los anales (con perdón) de tan singular plaza, ya calificada por algunos como de primera, saliendo espada, banderilleros y hasta el agregado utillero por la puerta posterior de tan reconocido albero. Cuentan algunas lenguas viperinas que en el local, en lugar bien despejado y junto a la cabeza de un toro, se sitúa desde entonces un singular retrato de don Baldomero ante el que muchas damas descubren hasta la última de sus luces...


4 comentarios:

El Séneca dijo...

Pregunto yo...Las lenguas cuentan y dicen porque se quedaron sin catar, no ????

Rascaviejas dijo...

Creo que ha dado usted con la explicación...

la justicia se paga dijo...

estas son las corridas que me gustan y NO las que nos quieren meter hasta las bolas, los taurinos.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Dicen las lenguas que, bla, bla, bla y de ahí tanto tópico, ¿no?
No creo que haya torero que sea capaz de tanta audacia, ¡digo yo!! Todo se exagera tanto, que no hay quién crea la verdad, de la verdad.
¡Vaya lío, pero el relato me ha encantado!

Besicos muchos.