Tus dedos
en mi fuego.
Tu boca
en mi pecho dividido,
para perderme
donde me desconozco.
Letras turgentes para la noche. Lengua de punta para las ondas.Erotismo a flor de piel. Una invitación a los sentidos. La puerta está entreabierta...
martes, 23 de junio de 2015
viernes, 22 de mayo de 2015
ASAHI (EL SOL DE LA MAÑANA)
Llegó
en vacaciones a la tierra del Sol y alguien la recibió con el viejo tópico:
-
“Vienes de la Tierra del Sol naciente a la Tierra del Sol penitente”.
Algo comprendió de la compleja frase cuando,
en la vieja azotea, junto al patio de vecindad, decidió tomar aquel manjar de
dioses. Pasó del pantalón corto inicial a la camiseta de tirantas y de ésta, al
bañador largo, que se hizo corto en un posterior bikini; incompleto en una
posterior toma, e inexistente en el tercer día de exposición pública en el
viejo rincón encalado del viejo patio. Asahi, cara, pechos, caderas y sexo al
sol, pensaba que nadie la vería. La ventana indiscreta de su patio no pensó lo
mismo. Por eso, sus vecinos decidieron animar sus exposiciones en una mezcla de
melodías que parecía no entender…
Por
el viejo patio encalado se oyó al rayo de sol que me trajo su amor, al sol de
la de la mañana que al campo sale, al sol solito caliéntame un poquito, al sol
que rayaba, al cuando calienta el sol aquí en nosequé playa y hasta al cara al
sol con no se qué camisa nueva… Melodías incomprensibles para la mujer que vino
del sol naciente y que convirtieron al viejo patio en un recopilatorio de
músicas y de miradas que acompañaban cada ritual expositivo. Melodía que
acompañó a un cuerpo desnudo que pasó del blanco de oriente a la piel dorada y
hasta tostada del clima mediterráneo, entre surcos de sudor que juguetearon
durante dos largos meses por las curvas lascivas del cuerpo de aquella
misteriosa mujer que sólo cubría su pelo del sol. El resto de su piel y hasta
el interior de su lujuria, fue fecundado durante todo un verano por el más rey
de los astros…
Todo llega y todo pasa.
Ayer llegó la hora de su partida. Asuhi, el sol de la mañana en la lengua del
lejano oriente, volvió a su nacimiento. En la vieja azotea del viejo patio han
callado de tristezas las melodías de un largo y cálido verano. Silencio de
miradas y de corazones sin pulso. Son
demasiadas las púpilas huérfanas de deseo. El Sol se ha hecho penitente cuando
no ha encontrado las sensuales curvas que un día dieron sentido a su
existencia…
domingo, 10 de mayo de 2015
ALICIA
-¡Pelirroja mala suerte…!
Ha
sonreído delante del espejo recordando la cantinela que la acompañaba desde la más
tierna infancia. En la calle, en el cole, con las amigas… Una acumulación de
tópicos que no cesaron con la llegada de la adolescencia, aquellos días
intensos en los que no desaparecieron las pecas de sus mejillas, en los que
aumentó el volumen de sus pechos y en los que el rojo de sus trenzas se
expandió a aquellos pezones incipientes y a otros lugares más inconfesables.
-¡Pelirroja mala suerte...! Cuando sus
compañeros de clase le tomaron gusto a la cantinela, también lo hicieron, otro
tópico más, con la costumbre de pellizcarla para evitar la supuesta mala
suerte. Y pellizcaban, vaya si pellizcaban, ellos sabían donde y ella sabía
donde, aunque nadie quisiera explicar el porqué, ni falta que hacía…
-
¡Pelirroja, mala suerte…! Le susurró aquel pícaro profesor particular
después de enseñarle que en la mitología griega las mujeres pelirrojas eran
consideradas brujas, perversas, provocativas y amigas de lo oscuro; todo, un
momento antes de contarle otro secreto desconocido hasta entonces:
-
Si te cruzas con una pelirroja, tendrás
mala suerte durante tantos días como botones tenga tu camisa…
No
sabía el pícaro educador que aquel rojo del pelo se asociaba al riesgo de una
mujer que le arrancó todos y cada uno de sus botones, a la obstinación de unos
pezones encaprichados en una dureza perturbadora, al peligro de una joven cuyas
manos descendían como una melodía dotada de ritmo por su entrepierna, y a la
sorpresa de toda una dama que prolongaba el rojo de sus cabellos hasta el
vértice prohibido bajo una volátil
falda.
-
¡Pelirroja mala suerte...! Delante
del espejo ha recordado todas aquellas secuencias en un instante. Quizás haya
sido una eternidad. El cristal le ha recordado el peligro que se encierra en
cada rincón de su desnuda piel. Las trenzas son el presente de un pasado
cercano en el deseo. El tiempo se ha detenido en la eternidad de sus curvas de
mujer. Eso pregona el espejo. En la soledad de la habitación, sus manos siguen
acariciando la más sensual de las melodías…
lunes, 4 de mayo de 2015
MAÑANA ACABO CONTIGO por Humberto G.
Jadeante se echó a un lado. Me hizo sitio. Sudaba y emitía un calor
rosado. Respiraba por la boca. Había dejado de contonearse, quieta, boca arriba,
tuvo un escalofrío.
-¿Te has corrido?
-Todavía no.
-Bueno. Mañana entonces acabo contigo ¿Vale?
Me dio un beso de buenas noches, se dio la vuelta y se dispuso a dormir.
-No vale.
Al volverse, me había dejado la abertura entre sus piernas que dejaba entrever
su vello púbico.
-Bueno, pero hazlo tú todo, que estoy cansada -dijo sin moverse
La cogí de la
cintura, como un peso muerto. Sólo conseguí ponerla boca abajo. Al empujar
arrugó la nariz y abrió la boca en expresión como de queja. Entró fácilmente en
las primeras embestidas pero en una de ellas se salió y en la refriega, sin
darme cuenta, entró por aquel lugar que siempre dijo que no, por el hueco del
que siempre reía para frenarme y que decía inmaculado y virgen, no, yo nunca,
y, sin embargo, entró con la facilidad con que se habría introducido un dedo
jabonoso. No se quejó, ni protestó, ni se movió, ni lo expulsó, y yo terminé
sin obstáculo alguno convencido de que el recorrido vital de quien estaba
acostada a mi lado iba más allá de las verdades que me había contado y se
adentraban en lo imaginable detrás de
las negaciones, las sonrisas y las preferencias. En la misma postura,
con mi savia dentro, se quedó dormida como un animal pecaminoso, sudado, dejado
caer desde lo alto, boca abajo.
Solo se rascó la
nariz y se durmió dejándome a mí toda la intriga.
viernes, 10 de abril de 2015
EL RUISEÑOR por Lourdes N.J.
De los amantes que tuve
ninguno fue tan sincero
como aquel ruiseñor
que al alba de la mañana
cuando se iba,
dejaba un jazmín
en el alféizar de mi ventana.
viernes, 13 de febrero de 2015
POR LOS PIES
Frente al espejo me poseyó la eterna duda que ya tuvieron
otros en la historia. Dónde estaría la obra de Arte… ¿A un lado o al otro?
Quizás en la delgada línea que se separa nuestras fantasías de nuestras
realidades. Juego borrominesco de sensuales curvas y contracurvas en esta
cercana orilla, la carne hecha carne, la piel hecha piel, y prolongación
enmarcada al otro lado, el que refleja benditas realidades que a veces parecen
querer quedarse a este lado del espejo. Y yo en silencio. Y ella también. Y yo
tan bobo. Y ella tan lista. Y yo con prisas. Y ella tan eterna. Y yo desnudo. Y
ella vestida. Todavía. Sin prisas. De la cabeza a los pies…
-
¿Qué
piensas, tontorrón?
La interrogación debió azotar algún rincón de mi cerebro
tanto o más que la línea serpentinata de su cadera, látigo que, en aquel
momento, parecía fustigar cada poro de mi piel…
-
No
me creerás. Pensaba… (Si es que se podía pensar en aquel momento). Pensaba por
dónde debe empezar una mujer a desnudarse…
Creo que calló su respuesta, no habléis que mueren los
críticos pero no el Arte, que quizás no exista, o no existió nunca, pero sí las
artistas. Pero habló su cuerpo. Hablaron sus ojos extasiándose. Hablaron sus
labios inflándose de rojo. Habló su lengua barnizando sus labios. Hablaron sus
dedos borrando errores que ocultaban la belleza: adiós pañuelo, adiós botones
de la blusa, adiós cremallera, adiós falda, adiós corchete, adiós blancos
encajes que ocultaban el más oscuro y sutil encaje… Mirando al espejo he dudado
en qué espacio se sitúa la rotundidad de su desnudez. Quizás soy el que está al
otro lado de la obra. Quién sabe… Sólo sé que no he desaprovechado la ocasión
de dejar escapar a esta Proserpina, de responder haciendo mías las interrogaciones
de sus caderas, de penetrar en el oscuro secreto del encaje que enmarca su sexo,
de beber el manantial de sus fuentes; adiós telas, adiós preparativos, adiós
preámbulos, adiós miedo al cuadro en blanco, bienvenida sea la obra perfecta,
esa que dicen no existe, bien que mienten, confieso que lo he vivido, confieso
que la he gozado, confieso que la he sentido, confieso que la he penetrado…
Mirando al espejo vuelvo a pensar, si es que eso es posible…
Ahora soy yo el que mantengo mi desnudez y ella la que
parece querer responderme. No sé si nos retrata su mirada desde el otro lado
del marco o es el reflejo imaginativo de mis deseos. Se han dibujado posturas y
perspectivas, jadeos y silencios. Pero no me ha respondido. No hasta este
momento. Su piel desnuda vuelve a dibujar un interrogante en curvas que se
agachan sobre sí. Se ajusta los zapatos de tacón que en ningún momento se había
quitado. Lo demás, evangelio de la pasión, vendrá por añadidura. En el aire ha
dibujado la más clara de las respuestas: las mujeres se visten por los pies…
viernes, 30 de enero de 2015
GRACIAS
- ¿A qué no habéis entrado en la página de ArtPorn?
La pregunta de Gracita cogió desprevenida a las
tontorronas de sus amigas en una tarde sin gracia de un sábado sin gracia…
- Desgraciadas…
No sabéis lo que os perdéis. Un sitio donde se demuestra que se puede hacer
Arte con mayúsculas, congraciarse con agraciados cuerpos que copulan de forma
artística delante de la cámara. Algo artístico. Arte por el Arte.
-
Un
Arte sublime sin interrupción…
-
Ya
lo creo, perfección de cuerpos frente a frente…
-
A
un lado y otro de la cámara…
-
O
del lienzo…
-
Arte
vivo y carnal…
-
¿Estamos
pensando en lo mismo?
-
Nada
de cámaras ni de postureo de red social…
-
Ni
ordinarieces…
-
Cuerpos
frente a frente…
-
Algo
artístico…
-
Prohibidos
los cuartos de baño…
-
Y
los espejitos…
-
Y
las poses…
-
En
un sitio elegante…
-
Con
Arte…
Cuatro de la tarde. Sala IV de un desértico Museo de
Bellas Artes. Sestean cuadros y vigilantes. Tres Gracias desnudas en un lienzo
desde hace siglos. Artes bellas. Cuatro desgraciadas frente a ellas. Sonríen
nerviosas. Se hacen gracia. Caen al suelo blusas, pantalones, faldas, medias,
sujetadores, braguitas y hasta un mínimo tanguita. Al frío suelo. Frente al
lienzo, cuatro cuerpos desnudos se sienten una obra de Arte: pechos al óleo,
caderas sobre lienzo, posturas en un marco y sexos ardientes en la frialdad
académica que las contempla. No lo habían pensado, pero entre sonrisas
nerviosas han comenzado acariciarse. Pelos, hombros, pechos, pezones, caderas,
nalgas y hasta algún coño que no superaría las estrictas mediciones de humedad
que se realizan en la sala. Un motivo para que salten las alarmas. Una
gracia. Arte por el Arte. Pobres
desgraciadas. Las cámaras del museo acababan de estrenar su programa de
difusión continua: “Arte para todos y al alcance de todos”. El patrocinador
nunca imaginó el masivo seguimiento que tendría su proyecto.
viernes, 23 de enero de 2015
El Río de la Plata por Humberto G
Supongo que la idea me había
rondado desde hacía tiempo pero sólo se me hizo patente en ese instante: si mi
motivación sexual consiste en mirarla a ella, dado que ella cierra los ojos, ¿en
qué piensa en ese período atemporal? ¿Dónde encuentra su motivación si no es en
lo que puede ver?
-¿En qué piensas mientras
follamos?
Había estado ensimismada
mirándose las uñas y a los transeúntes. Levantó la cabeza y me miró espantada,
pero de forma teatral.
-En qué voy a pensar. En lo que
hacemos.
-Entonces, ¿por qué cierras los
ojos?
Se me ocurrió que me había
precipitado. No sabía si quería indagar más. Ella clavó los ojos en mí y supe que por su
cabeza pasaban ideas que no estaba segura de querer compartir conmigo. Tuve que
poner la misma cara de no saber si hablar o no, porque sonrió.
-¿En qué piensas tú? –me dijo,
seguro que para ganar tiempo.
-Me gusta ver la cara que pones.
De cualquier manera, la visión del desnudo femenino me basta. Desde siempre. ¿Y
tú?
-Yo pienso en vos.
-Entonces por qué cierras los
ojos. Si me puedes mirar en carne y hueso, por qué imaginarme…
-Mira, es verdad, no siempre
pienso en vos. Es absurdo jugar a este juego. No es nada malo. No creo serte
infiel por pensar en cositas. Algunas veces tengo fantasías digamos… fantasías
externas a nuestro propio acto… ¿Entendés?
-Ya veo. Y, dime, ¿qué clase de
fantasías?
-Ay, pues no sé chico en muchas
cosas… seguro que vos también tenés…
quitad esa cara que no conseguirés
que me sienta mal.
-Quito la cara si me cuentas una
de esas fantasías.
-Nunca.
-Si me cuentas una de esas
fantasías, prometo olvidar toda la conversación y no hacer nunca jamás alusión
a ella ni directa ni indirectamente.
Se quedó pensando. Le brillaban
los ojos.
-Bueno. ¿Sabés una situación que nunca falla, una que me hace sentir entre
mis piernas el Río de la Plata?
-Cuéntamelo.
-Pues que estoy en un parque y un
tipo viejo, feo y gordo me empieza a meter mano. Y yo me dejo… me mete la mano por
debajo de la pollera ansioso… y por
la blusa y me magrea toda… yo no hago nada, él lo hace todo con esas manazas
enormes… eso me pone a cien.
Me lo contó y jamás fui el mismo.
Me lo contó y no cumplí mi promesa. Me lo contó y no puedo dejar de pensar en
ello.
miércoles, 7 de enero de 2015
EL UMBRAL DE LA SOMBRA por Lourdes N.J.
Ven a mi pequeño mundo
que llevo sobre mi cuerpo
mi blusa, mi falda, mis medias
que llevo sobre mi cuerpo
mi blusa, mi falda, mis medias
y mis zapatos charol de tacones
esperándote como aquella
noche en el umbral
noche en el umbral
para que lo atravieses,
me desnudes y pueda
sobre mi silueta entrar
tu cuerpo hacia mi sombra.
domingo, 4 de enero de 2015
MARICRUZ
Cuando la conocí tuve mis dudas
sobre si era mocita, si venía del famoso barrio y hasta sobre su rubia melena,
aunque hubo lenguas, malintencionadas, que me advirtieron de un cuerpo
hechicero que hacía a los hombres pecar. No hice caso alguno. Todo sonaba a
palabrería de copla que se lleva el viento.
- Mira que tras esa apariencia angelical y ese casto nombre se esconde
todo un demonio…
Qué sabría nadie… Aunque pronto
abandoné la línea del desconocimiento para situarme en el lado oscuro de su cuerpo.
Y de su alma. Me explico. Como toda mujer que se precie, Maricruz tenía una
especial fantasía que la excitaba. Suena feo, pero me contaron que se llamaba coprolalia: excitación con las palabras.
En los pacientes comunes, con palabras malsonantes. Ella nunca fue común y el
suyo debía ser un caso raro, pues el morbo de las palabras se reducía
exclusivamente a cuatro letras, las cuatro últimas letras de su casto nombre.
Si escuchaba esa dichosa palabra, las consecuencias eran absolutamente
imprevisibles…
La primera misa a la que
asistimos me dio la clave. “Por la señal
de la Santa Cruz…”
Resorte activado. Fuera de sí. No
tuvo reparos en que sus manos bucearan entre su escote, acariciaran la
turgencia de sus pezones y acabaran buscando el calor insaciable de su
entrepierna. Allí mismo. Uno, dos y hasta tres dedos. Antes de la homilía podía
haber alcanzado dos o tres veces las eternidades prometidas, y cuando el
celebrante dio la bendición final, pudimos marchar en paz, ella más que nadie,
dándome la impresión de que daba las gracias por no humedecer más el ya no tan
frío banco del templo.
Allí comenzó mi calvario… o mi
Edén.
Desde entonces no hemos faltado a
celebración dominical alguna, a funciones, a cruces de mayo o hasta a rosarios
vespertinos donde se repitiera la austera y excitante letanía. Rincones, estancias y hasta calles y plazas
donde se repetía un éxtasis que casi nos hizo pensar en la creación de una
hermandad cuya advocación no me atrevo a nombrar…
- Un demonio, un demonio…
Hoy más que nunca he recordado
aquella palabras de advertencia. Pidió en la carta a los Reyes Magos una sesión
fotográfica especializada. Sus majestades cumplieron y aquí nos encontramos, en
un coqueto estudio, entre focos, decorados efímeros y blancas pantallas. El
fotógrafo ha pedido que sea natural, que se deje llevar y que disfrute de la
sesión. Cuando le ha propuesto acompañar la pose con música ha cometido el
mayor de los errores posibles. A pesar de su apariencia de moderno, ha optado
por acompañar el posado con una vieja melodía que hablaba de quereres y de
amores a cuestas, con un estribillo insistente y definitivo:
- Eres mi cruz, eres mi cruz, eres mi cruz…
La reacción no se ha hecho
esperar. El resorte se ha activado con más fuerza que nunca. El fotógrafo suda
como en una selva. Yo he elegido la sintonía del resto de mi vida…
lunes, 29 de diciembre de 2014
INOCENTE KAMASUTRA
Tras analizar la documentación que obra
en nuestro poder, los testimonios recogidos por este tribunal y tras el
análisis de diferentes pruebas fotográficas y grabaciones de diferente tipo, se
acusa a la pareja imputada de los siguientes cargos:
- En el día de abril arriba citado, el
acusado y la acusada comenzaron realizando la postura llamada el espejo del placer en la atracción
conocida como la casa de los espejos, con el consiguiente escándalo y aumento
de atracción y hasta de precio; de haber practicado la postura de la sorpresa junto a las tiendas de
paquetes sorpresa, con el consiguiente subidón de las ventas; de haber
protagonizado la unión del tigre y la unión del antílope en las cercanías
del circo Mundial, siendo precisamente la
mundial la que se armó a sus puertas y no digamos la que se formó en su
interior al ver practicar a esta misma pareja la llamada posición del trapecio; de haber copulado en la llamada postura de la balanza en la atracción
del barco vikingo, creciendo desde ese momento el número de cornamentas reales
y sentimentales de toda la zona; de haber realizado el acto carnal en la montaña
rusa en la posición de la carretilla,
actuación que provocó algunos de los aplausos más prolongados que se han oído
en toda la Feria; de haber conjugado el verbo amar en la posiciones de el sometido y de la gran abertura nada menos que en el tren de la Bruja, que
precisamente pidió la jubilación tras asistir a tan ardorosa escena; de haber
folgado en la posición llamada de las
aspas de molino en el conocido como folklore alemán, hecho que motivó el
pase a la jubilación del muñeco de la cerveza tras haber sido visto vestido de
lagarterana; de haber practicado el fornicio en las posturas de la butaca y de la catapulta, amén de algún intento de la postura salvaje, en el tren y en la casa del terror, actuación que
motivó el pase a la reserva de las gachís
que animaban la entrada de la referida actuación; de haberse atrevido a
protagonizar la postura de la doma
con la variante de la posesión e
incluso de la carretilla, en un
tiovivo, hecho que provocó el traslado de algunos caballitos de cartón y algún
cochecito de bombero al cementerio de coches más cercano y, finalmente, de
haber practicado la unión marital en las posturas de la medusa, del misionero
y del teto en la atracción de los
coches locos, hecho que provocó el aumento de dementes y alterados en una
cifras tan exageradas que las autoridades competentes se han planteado la reapertura
de manicomios y centros de recuperación...
- Leídos
los cargos, antes de iniciar el juicio, ¿Cómo se declaran los acusados?
Anticipándose a su pareja, la mujer
contestó tranquila, calmada y con un punto de picardía:
-
Inocente, señoría, muyyyyy inocente.
jueves, 25 de diciembre de 2014
ME DA IGUAL por Humberto G.
Todo era me da
igual y eso le hacía siempre dudar. Y es que recordó el día que le dijo que
bueno, que ella se dejaría hacer pero que ella no le haría nada. Fue después de
preguntarle, con dos copas, como de broma pero morbosamente, si ella estaría
dispuesta a tener relaciones con otra mujer.
Aquel me da igual
por todo y amoldarse a cualquier plan que él le propusiera le daba esperanzas
de que fuera una mujer abierta a todo.
Fue entre aquella
duda suya y una cosa que ella le contó que la cuestión quedó resuelta. Lo que
le contó un día cenando fue que una pareja amiga suya, de la que le había
hablado en alguna ocasión anterior, se decidió a contratar por teléfono a una
prostituta para hacer tríos, bueno no dijo prostituta, “una chica” para hacer
tríos. Según le contaron, tanto se habían habituado a hacerlo los tres que ella
ya no cobraba sino el gasto que hiciera en la casa, y ellos ya no podían tener
relaciones los dos solos. Las relaciones entre aquellos dos (que ya parecían pocos) amigos se
volvieron tristes, vacías, incompletas.
Fue contarle
aquello y que uniendo el relato a su quemazón tuviera arrestos para
proponérselo:
-Conozco una chica
que se vendría con los dos a la cama.
Ella se quedó en
silencio mirando distraída a un lado, se le notaba el latido de toda ella lo
que era prueba inequívoca de que estaba excitada.
-Entonces qué, ¿Quieres
que llame a la chica esta noche?
Su tardanza en responder, su cara seria, sembró la duda. Creyó haber
metido la pata y estar a las puertas de un no sé qué terrible. Le dio tiempo a
pensar que diría aquello de “me da igual”. Un momento más y aquella mujer
hermosa y entregada dejó salir unas palabras de sus labios: “Si quieres darme
el número la llamo yo”.
lunes, 24 de noviembre de 2014
LA ZURDA por Juan Bragas
Tuvo que recostarse para que no
chocara el codo de ella con su vientre, para darle espacio para moverse a ese
brazo que parecía puesto al revés, en una postura imposible. Ella la miraba
fijamente y su pulso y su ritmo eran de una intensidad creciente. Esa mirada
suya, tan seria, y ese oficio le sorprendieron.
No podía controlar sus
pensamientos en esos momentos y la postura del brazo izquierdo de ella, que le
parecía tan incómoda, le recordó a cada vez que la había visto escribir en
clase: el brazo encima del cuaderno, la cabeza gacha, la muñeca torcida
arrastrando el brazo…Parecía estar escribiendo entre sus piernas.
-Vaya bulto.
-He acumulado mucha tensión en
estos días.
-Me dejas que te quite la tensión
Parecía hipnotizada por la
existencia de la polla de él, no dejaba de mirarla como la que observa un
ídolo, un tótem, y sus movimientos con su mano izquierda: un sacrificio bien
aprendido, un modo de redención, una catarsis.
Abarcando con aquella mano
izquierda el tallo, observando esa otra cabeza, aceleró como leyéndole el
pensamiento, porque él no decía nada, y se le hinchaban los labios y le
cambiaba la expresión del rostro. Ya había observado otras veces que cuando se
excitaba se le cambiaba la expresión de la cara… como explicarlo: se le
hinchaban los labios, le cambiaba el color de los ojos, se le cerraban un poco
los párpados, se le sonrojaban las mejillas, sólo por un momento… algo
extrasensorial había también.
Sin saber muy bien como, ella
notó que él estaba llegando porque, alcanzando ese punto, dobló su mano,
agudizó su mirada, se la tronchó una de cada dos o tres veces al final quedando
la polla en sus manos como un muñeco que, finalmente, apretó más fuerte por el tallo y después
soltó para que explotara en un
escalofrío, como un géiser de cuyo espectáculo ella era observadora de la misma
manera reverencial, obnubilada, ensimismada y con oficio con la que realizó
toda aquella maniobra excelsa.
Una maniobra manual en la
oscuridad, una representación de una partitura para la mano izquierda, una paja
a mano cambiada, un trabajo bien hecho...
viernes, 7 de noviembre de 2014
MAYÚSCULAS
Me acerqué con cautela a la
ventana. Al fondo se divisaba un enorme jardín. Ella, como en la vieja canción
de rock, saltó por la ventana sin que yo pudiera evitarlo. Libre de lazos y
mordazas quiso reconocer el nuevo escenario. Vio, olfateó, tanteó, sopesó y
eligió. Marcado el lugar propicio y favorable, dio rienda suelta a sus deseos:
miró alrededor, se sintió libre y dio por buena la elección. Sabía que yo la
miraba y se disponía a transformar el paisaje en un auténtico jardín de las
delicias. Separando suavemente sus patas volcó en el lugar elegido el flujo
contenido durante tanto tiempo: lluvia dorada en los dorados campos. Caía la
tarde y se elevaban las satisfacciones, las confesables y las inconfesables.
Cuando la llamé por su nombre pude intuir en su rostro una mirada cómplice, una
plenitud de deseos consumados. Volvió, siempre lo hacía, corriendo hacia mí.
Buscó, siempre lo hacía, su roce con mi piel. Regresó, siempre lo hacía, con la
dueña de su destino. Meneó, siempre lo hacía, el rabo con alegría. Mi perra Cautela es así. Su dueña siempre
cometerá faltas de ortografía…
jueves, 30 de octubre de 2014
HIRSUTA por Humberto G.
Decía no creer en
la depilación como si la cuestión fuera el creer o el no creer. Resultaba
divertido pensar en ello como en un dogma. Ella lo declaraba como un derecho de
la mujer, como una protesta, como una reivindicación de la naturalidad
femenina.
Todo en ella era
reivindicación, incluso su mirada; se reía como sorprendida de que lo que
dijera uno fuera gracioso; se reía, además, con naturalidad. Como no podía ser
de otra manera.
El pequeño mechón
denso, como grama negra, de su axila era un hermoso acumulador de un perfume
intenso rayano en lo ácido pero que con el tiempo llegué a buscar
intencionadamente. Ella se acariciaba aquel mechón riendo no sé muy bien por
qué.
Sus piernas
parecían cubiertas de una media negra, irregular, suave, esponjosa, que ni acariciando a contra
vello resultaba áspera. Una pelusa que también tenía debajo de la nariz si se
acercaba uno lo suficiente para apreciarla. De lejos parecía una sombra.
Su vello púbico
arrancaba debajo del ombligo como “un reguero de hormiguitas” que bajaba
abriéndose en un abanico que no permitía vislumbrar su sexo carnoso. Por
detrás, cuando iba al baño, podía verse de espaldas la espesura entre las
piernas, a contraluz, al levantarse de la cama.
Ella era cortante,
infiel, sensual y altiva, utilizaba mucha saliva en sus besos y era carnal
cariñosa y besucona. En la intimidad, enamorado profundamente de su piel blanca
y su naturalidad femenina, me acercaba a su oído y le llamaba: mi hirsuta.
-Tengo pelo en
todos los sitios donde se puede tener –dijo un día distraída, al principio,
cuando salió por primera vez el tema y no había visto aún casi nada, el vello
era entonces una promesa.
Y es que toda la
experiencia sexual con ella se basó principalmente en aquella inquietante
diferencia, en ese mostrarse ella tal como era, sin contenerse en nada, y ese
ser suyo tenía en el vello su estandarte y se convertía cada vez que nos
enredábamos en protagonista de todo aquello tan salvaje, tan ensalivado, tan
interrumpido por las hebras de vello en los labios, tan perfumado, tan íntimo
porque la intimidades eran más escondidas por estar cubiertas de vello.
Hirsuta en mi
recuerdo, o el amor salvaje.
sábado, 18 de octubre de 2014
FASCINACIÓN por Martini
Entró sigilosamente en la alcoba, apenas había luz
y
la estancia destilaba un delicado aroma a flores.
Pensó que aún no había despertado.
Quiso convertirse en el guardián de sus
sueños,
y por un
momento se colocó ante su cuerpo que era un poema desnudo escrito,
placenteramente, entre las sábanas de seda.
No
quiso romper la magia y el encanto de aquel instante.
La
tentación de su piel de almendra era tan poderosa que se entregó
al
extasiante recorrido de sus manos
y a
la danza de su lengua mientras dibujaba trazos lujuriosos por todo su
cuerpo.
Ella humedeció sus labios y saboreó la pócima de sus
besos,
mirándole a los ojos leyó, en el brillo de sus pupilas,
sus pretensiones.
Y así, fascinada
por su olor y por sus caricias tan ardientes,
dejó la miel de su
boca sobre su piel, mientras sentía
enloquecer
cuando él alcanzaba el edén más exquisito, hasta hacer
que estallara
el
torrente de sus jugos más íntimos y secretos.
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